Oswaldo Álvarez Paz [email protected]
CARACAS.— La semana pasada dejó un saldo de decenas de muertos y más de un centenar de heridos. Nunca antes el pueblo se había expresado con tanta claridad y nunca antes había sido masacrado tan cobardemente como el pasado 11 de abril. No me lo contaron. Yo estaba allí como uno más, exigiendo la renuncia del jefe real de las bandas asesinas que actúan en conexión con el “alto gobierno”, según denuncia el general Camacho, hasta ese momento viceministro de seguridad ciudadana del país. Luis Miquelena, hasta hace poco operador mayor de oficialismo, dijo esa misma noche que marcaba distancia con una gente que tenía las manos manchadas de sangre.
El regreso de Hugo Chávez sigue estando acompañado de violencia general y selectiva, chantajes, represión contra personas e instituciones, de saqueos y amenazas intimidatorias contra personas e instituciones, especialmente contra los medios de comunicación y con el objeto de impedir informaciones sobre la verdadera situación que vive el país.
Un grupo de generales y almirantes activos pidió la renuncia del Presidente. Fueron públicamente apoyados por los jefes operativos del ejército, la armada, la aviación y la guardia nacional, con muy pocas excepciones. El alto mando militar, atendiendo la solicitud de la sociedad democrática, civil y militar hizo el planteamiento e informó al país que la respuesta había sido positiva. Los militares sacaron a Chávez invocando el derecho constitucional a la rebelión. Ellos le pidieron a Pedro Carmona que asumiera la presidencia. Ellos posteriormente condicionaron el apoyo al gobierno provisional. Las condiciones fueron aceptadas. Pero, sin embargo, renunciaron también a Carmona y trajeron de nuevo a Chávez. ¿Qué pasó en Fuerte Tiuna? Exigimos una explicación razonable de esta situación poco clara. También por el abandono a un país que en esos momentos se desangraba, y aún se desangra.
Venezuela está confrontada consigo misma. Las razones que existían el pasado jueves 11 de abril para pedir la renuncia del Presidente se mantienen. La agenda del conflicto está intacta, incluido lo relativo a Petróleos de Venezuela. La serenidad necesaria para cerrar las graves heridas abiertas es incompatible con la presidencia de Hugo Chávez.
Por otra parte, los gravísimos errores cometidos por el gobierno provisional en menos de 24 horas fueron deplorables. Los excesos políticos y policiales del primer día caminaron en dirección contraria a la verdadera naturaleza del sacrificio de Fedecámaras, la Confederación de Trabajadores de Venezuela, los héroes de Petróleos de Venezuela y los mártires del 11 de abril. Los acontecimientos están en pleno desarrollo. La tensión y los rumores son insoportables para un país con los nervios en punta y el ánimo dispuesto a combatir sin dar un paso atrás. El discurso conciliador de Hugo Chávez en su reaparición entre gallos y medianoche, fue contradicho con otro —el mismo día— ante los paracaidistas de Maracay, epicentro del golpe de Estado del 4 de febrero de 1992. No tiene remedio. [©FIRMAS PRESS]
El autor es abogado y político venezolano. Ex gobernador del Estado de Zulia.