Tito Rondón [email protected]
Estoy orgullosísimo de haber trabajado en LA PRENSA. Desafortunadamente tengo que partir a mi segundo exilio, pero me voy con la alforja llena.
Aquí está parte de lo que va conmigo, entre lo mucho que Nicaragua brinda.
Haber hecho “Revista Deportiva” con un caballero de la talla de Hans Bendixen.
Haber visto batear a Timothy Mena (un doble).
Haber oído narrar a Sucre Frech.
Haber narrado el juego perfecto de Dennis Martínez.
El jonrón enorme de Pedro Selva en Masaya, cuando la bola quedó por días en el techo de la escuela cercana.
Haber visto en Primera División al Boricuas, al Flor de Caña, al 5 Estrellas, y sobre todo, a los Toros de Chontales.
La defensiva de la parte derecha del cuadro en 1991, con Nemesio Porras en primera y Julio Medina en segunda, igual que cualquiera de Grandes Ligas y mejor que muchas.
Haber vivido el nacimiento de la Liga Profesional, cuando el beis llegó a su máxima expresión, y durante más de una década casi todos los días desempacábamos regalos: Silvio García, Marvin Throneberry, Felipe Montemayor.
Cuando Norman Cardoze le pegó jonrón a un feroz Omar Ajete, y nos dimos cuenta que nuestro beis por primera vez desde la Profesional vestía pantalones largos.
No creer lo que me contaban de Rigo Mena y haberlo visto fildear y batear en persona, y darme cuenta que hasta los más exagerados se quedaban cortos.
Ver a Nazario Cortés quitarse la gorra durante alguna entrevista mientras me dirigía la mirada para alertarme de su “clave secreta”.
Haber jugado Mayor “A” contra Byron Blandino.
Lo completo de Duncan Campbell.
Haber vivido los cuarentipico jonrones en una sola temporada de Ernesto López… dos veces.
La llegada a Grandes Ligas de Dennis Martínez, y su primera entrevista para Nicaragua junto a Hans y Carlos Pérez Mesa.
El chanchito con tortilla de la Gordita en Masaya.
La llegada a las Mayores de Tony Chévez, Albert Williams, David Green, Porfirio Altamirano, Marvin Benard, Vicente Padilla y Oswaldo Mairena.
Las esperanzas puestas en William Juárez, Gonzalo López, Luz Portobanco y Ernie Sinclair.
Ver fildear a César Jarquín y Bayardo Dávila.
Los dos jonrones de emergente con las bases llenas de Moisés “Momo” Niño Obando en 1956.
Las curvas de Willie Hooker.
La lentitud de los lanzamientos de Luis Cruz y Barney Baltodano.
Las victorias sobre Dominicana en 1999 y Estados Unidos en 2001. Nos rifamos con los Grandes Ligas.
La velocidad en las bases de Eduardo Green, Gersán Jarquín, Jimmy Bolaños y Sandy Moreno.
La sinceridad, el brazo y el poder de Ramón Padilla, en ese orden.
La amabilidad de Matías y de Luciíta, hermano e hija de la Polina en León.
El juegazo que le tiró Julio Juárez a Cuba para vencer por 2-0 en 1972, emoción que creí nunca sería superada, hasta el perfecto de Dennis.