Fernando Centeno Chiong*
La arteriosclerosis es una enfermedad que afecta las paredes de las arterias, a través de las cuales se conduce la sangre del corazón a los órganos, provocando su endurecimiento.
Arterias son también las calles principales de las ciudades a las cuales afluyen muchas otras.
Las calles y avenidas de Managua se continúan saturando rápidamente, y si comparamos la capital con un ser humano, diríamos que está siendo severamente afectada por la enfermedad mencionada que en muchos casos puede ser mortal.
Según cifras de la Dirección Nacional de Tránsito, hay 230 mil vehículos circulando en las calles, avenidas y carreteras del territorio nacional, de los cuales más de la mitad corresponden a la capital, donde ocurren las dos terceras partes de los accidentes de tránsito.
Lo más grave de estas cifras es que de dos mil personas que perecieron por esta causa en los últimos tres años, una tercera parte eran peatones, lo que refleja una tremenda falta de educación vial, que sumada a la anarquía por la falta de señales y semáforos, los vehículos en mal estado, la impericia y falta de cortesía de los conductores, nos llevan a dichas estadísticas, que además de ser preocupantes no han sido lo suficientemente analizadas para tomar medidas —aparte de incrementar las multas— que ayuden a disminuir este alarmante y dramático índice de mortalidad.
Medidas, como por ejemplo: sacar de circulación los vehículos en mal estado, especialmente buses y taxis; reglamentar el uso de las bicicletas y carretones en calles de mucho tránsito, obligar el cumplimiento estricto de la ley, especialmente a los buseros en el uso de las paradas, introducir la educación vial desde la primaria, aumentar el número de ordenadores de tránsito que cumplan con su deber y no se dediquen a realizar tertulias en las esquinas, aumentar la señalización de la capital, ampliar donde sea posible las calles y avenidas eliminando los obstáculos como buses y vehículos inservibles, prohibir el aparcamiento en las aceras, respetar los rótulos de no estacionar, establecer zonas de cruce peatonal, etc., etc., y así podríamos seguir enumerando muchas medidas que incidan en salvar vidas.
El lento desarrollo de la infraestructura y la red vial en Managua, la presión cada vez mayor de los vehículos, aumentada por la invasión de automóviles y buses, y la falta de una moderna ley de tránsito, puede provocar un colapso en nuestra ya deteriorada capital.
521 personas perdieron la vida el año anterior, lo que refleja un promedio de más de una diario. A esto agreguemos más de cuatro mil lesionados, en un total de 13,686 accidentes, lo que equivale a 37 accidentes por día, cifra que puede ser mayor por aquellos que no se reportan, peor aún el daño, si tomamos en cuenta la incidencia que esto tiene en la economía nacional, por la destrucción de los vehículos y las horas-hombre que se pierden.
Aumentar las multas de tránsito en la nueva ley no soluciona este drama, si tomamos en cuenta que de cada tres muertos por accidente, uno es peatón, y, peor aún, a sabiendas de que las muertes por accidentes ocupan el segundo lugar de las causas de fallecimiento en nuestro país.
Otro agravante es que la mayoría de los vehículos que llegan al país, especialmente buses y taxis, han sido descartados en otros países. Esos vehículos aumentan la contaminación ambiental de la capital, de por sí ya enferma por las chatarras que la circulan violando impunemente la Ley del Medio Ambiente.
Las arterias de Managua están saturadas de la peor grasa. El colesterol tiene a la capital de 150 años en cuidados intensivos, y muy poco o casi nada se está haciendo por sacarla de esa sala.
* El autor es periodista.