“Estoy enamorado de mi trabajo”
El tiempo de verano para Geovanny Cuadra, no es precisamente un período de vacaciones, al contrario, “es una semana de mucho cansancio y trabajo”. “Pero esto es lo que me gusta hacer y cuando yo me metía a esto sabía a lo que iba, además, cuanto más conocés de este oficio más te enamorás de él”, afirma.
Y no es para menos decir que es agitado, pues este joven debe levantarse a las 5 de la mañana, para estar vigilando la costa desde las seis y concluir a las seis de la tarde. La primera experiencia vivida como socorrista de la Cruz Roja fue en el año 95. Este joven recuerda ese día como si fuera ayer.
Cuenta que era la hora de almuerzo, y tenía 10 minutos de haber comido. “Me tocaba relevar a uno del grupo y por eso me fui a la costa. De repente se escucharon los gritos de la gente, ¡Cruz Roja, Cruz Roja!”.
Inmediatamente corrió y logró salvar la vida de un hombre que tenía relativamente su misma edad. “Cuando hacés el primer rescate te sentís grande por el hecho de haber salvado la vida a alguien”, recalca.
Han trascurrido casi siete años desde este suceso, tiempo en el cual Cuadra ha dedicado su tiempo libre a ser un socorrista y todo “por voluntad de ayudar las personas”, aunque su esposa no está de acuerdo, porque dice que pasa más tiempo en la Cruz Roja que con ella, narra el joven entre risas.
Para este socorrista su trabajo es muy emocionante e importante para la población, aunque la gente no lo agradezca. “Tengo casi siete años de ser socorrista y pocas veces he escuchado un gracias”, afirma. Pero esto no lo desmotiva a seguir adelante, y quizás por esa perseverancia que recientemente fue nombrado subjefe de guardia en Managua.
Cuadra, a la vez, trabaja en el Banco Central de Nicaragua, y considera que no se le complica la vida en lo absoluto cuando debe distribuir su tiempo. El joven considera que es mejor invertir su tiempo en una labor humanitaria como ésta y no andar de vago. Para esta Semana Santa, posiblemente se le vea resguardando las costas de Pochomil, donde la población de bañistas es muy numerosa.
Sigue el ejemplo de su papá
En el año 1999 ingresó un equipo de cinco jóvenes vecinos a los cursos de socorristas de la Cruz Roja. En esta ocasión logramos conversar con dos de estos muchachos. Uno de ellos es Luis Iván López Loáisiga, estudiante de quinto año del Instituto Alfonso Cortés, quien motivado por su papá, también socorrista de gran trayectoria, ingresó a las filas del cuerpo de guardavidas del país.
López nos cuenta lo que se piensa en ese momento preciso en que sale a rescatar a una víctima. “Lo que se piensa es en llegar lo más pronto posible a la víctima, examinarla, ver cómo se le va a sujetar, chequear si tragó o no agua y ver si necesita primeros auxilios”.
Este ajetreo es lo más emocionante que puede haber en la vida de este joven, apenas de 17 años de edad. Recuerda con mucho orgullo su primer rescate, que fue en las aguas de Pochomil.
“Estaba un grupo de seis personas jugando con un neumático. De repente escuchamos la bulla de la gente, y vimos que a unos 300 metros estos jóvenes presentaban dificultades. Nos metimos cuatro salvavidas y sacamos a cuatro bañistas y a los otros dos los rescató una lancha que por suerte pasaba por el lugar”, narra.
López está muy orgulloso de sí mismo por saber que de él depende la seguridad de muchas personas.
Cada rescate es especial
Por su parte, Carlos Hernández, de 19 años de edad, se enamoró de este oficio cuando una vez presenció la forma en que los socorristas salvaban la vida a un ciudadano.
“Eso me entusiasmó mucho y por eso decidí, junto con mis amigos, recibir los cursos”, explica. Para Hernández cada rescate es igual de especial como el primero que hizo en la laguna de Xiloá, a la edad de 17 años.
“Como socorrista podés detectar cuando la víctima tiene dificultades para salir del agua, y yo vi que un bañista ya no podía nadar para salir. En ese momento me lancé al agua, y posteriormente el bollero (socorrista que carga la bolla), para sacar al muchacho”, comenta muy orgulloso de su gestión, ya que en esa ocasión anotó un mérito a su hoja de vida.
A la vez, Hernández practica esgrima y es estudiante de segundo año de Contabilidad en el Manuel Olivares. Seguramente al joven le veamos en las playas de San Juan del Sur, zona en la que con frecuencia le corresponde prestar sus servicios.