Rómulo Sánchez Leytón*
Los Estados Unidos exploran la posibilidad de negociar un Tratado de Libre Comercio en Centro América.
La eventual firma de un TLC ha despertado muchas expectativas en el país. Valorar la conveniencia de un nuevo tratado exige analizar con cautela los pro y los contra.
EE.UU. es el mercado más grande del mundo en términos de inversión, servicios, tecnología. Es probable que un TLC con Estados Unidos nos favorecería, porque allá se dirigen más del 80% de nuestras exportaciones.
Lograr negociar condiciones ventajosas, puede presentar la posibilidad de desarrollar las economías del istmo; captar el capital extranjero, ampliar las inversiones para poner a funcionar el aparato productivo, estimular el crecimiento y optar a nuevas tecnologías.
Empero, los niveles tan reducidos de productividad imperantes y, en consecuencia los bajos niveles de competitividad, hacen que nuestros productos agropecuarios no pueden enfrentarse con éxito a productos, que en Estados Unidos reciben inmensos subsidios. Lo que podemos ofrecer son productos agroindustriales sin mucho valor agregado. En el 2000 importamos 10 millones de dólares en muebles, y apenas exportamos 500 mil dólares. Para el ciclo 2001-2002 se exportarán 800 mil quintales menos de café, eso significa entre 80 y 100 millones de dólares menos. Serios obstáculos son entre otros: la poca diversidad en los diseños y el no cumplimiento de los compromisos de entrega, en tiempo y forma. Para percibir los beneficios de un TLC con EE.UU. es necesario superar los problemas estructurales de carácter endógeno.
Las inversiones llegarán, si las condiciones de estabilidad y la seguridad jurídica -por ejemplo de la propiedad-, mejoran el clima para invertir. La corrupción es enemiga de la inversión. No contamos con una mano de obra calificada (como Costa Rica), las migraciones han ocasionado la pérdida de parte de ese valioso recurso. Nicaragua tiene altos costos de producción, generados por las tarifas eléctricas, el costo de las materias primas y otros insumos. Carecemos además, de infraestructura portuaria eficiente.
Los países del istmo deben procurar promover la unión aduanera. El libre comercio puede ser un verdadero impulsor del desarrollo económico y social. También debe pensarse, si no se está solamente firmando tratados, como si fuera una competencia cuantitativa, sin tomar en cuenta el análisis de costos y oportunidades que puedan presentar para el país. No olvidemos que se han firmado ya tratados con México, Chile, Panamá y República Dominicana, se ha avanzado con el de Canadá y se prepara uno con Panamá. La firma de tratados no significa automáticamente, progreso, crecimiento y desarrollo. Los TLC no están llenos solamente de bondades, ni eliminarán de forma mágica la pobreza.
Nicaragua debe solucionar de la forma más inteligente (diplomática), sus diferencias con Honduras. El Impuesto a la Soberanía del 35% es una medida política, con incidencias económicas. La ratificación del Tratado Ramírez afecta la plataforma marítima y con ellos los recursos de Nicaragua. La Corte Centroamericana de Justicia, ha fallado contra Honduras por violar los acuerdos de integración al ratificar el tratado; pero también, ordenó a Nicaragua levantar el arancel. Costa Rica argumenta el derecho a navegar por el Río San Juan, reconocen la frontera nicaragüense, pero se empecinan en lo primero. La negociación y solución hábil de estas diferencias es crucial. No puede pensarse en integración comercial si prevalecen las tensiones políticas. El comercio no se desarrolla en la discordia.
Es obvio que aquí hay serios problemas que afrontar. Los conflictos entre los países se convierten en un fuerte obstáculo para negociar de manera estratégica y puede menguar las posibles ventajas. Ya se sabe que el capital es arisco por naturaleza y “huye de los tumultos y las riñas”. Las tensiones fronterizas, fragmentan políticamente a los países y obstaculizan el regionalismo abierto.
Es importante para el éxito de las negociaciones que se actúe de forma conjunta. Lo óptimo en las cuestiones de integración es la negociación en bloque y no por separado. Los Estados Unidos tienen especialistas con vasta experiencia en estas lides. Nuestros países tienen serias limitaciones humanas y financieras. Los países pequeños si negocian bien pueden beneficiarse.
Nicaragua necesita un proceso de desgravación arancelaria preferencial, para que el país salga beneficiado. De nada sirve que exportemos unos cuantos productos, mientras ellos nos invadan con los suyos. El libre comercio contiene riesgos, oportunidades y desafíos. Los mercados competitivos salen ganando al final.
Los tratados se inscriben en el escenario de la creciente globalización económica. Estados Unidos ni corto ni perezoso, intenta afianzar su hegemonía económica y comercial, de cara al ALCA y a los intereses de la UE en Centroamérica.(En Qatar, EE.UU. no accedió a revisar las medidas antidumping, libra la “Guerra del acero” al imponer la medida de 30 % de aranceles a las importaciones del metal, afectando no sólo a Brasil, China y Rusia, sino también a la UE). El mercado estadounidense debe reducir con urgencia las barreras arancelarias y no arancelarias (sanitarias y fitosanitarias), a los productos del área centroamericana.
De qué sirve estar firmando tratados, si la estabilidad macroeconómica es tan frágil. Si nuestras exportaciones siguen estancadas. Padecemos de un déficit público gigantesco. Una cuenta corriente de la balanza de pago deficitaria. El desempleo es agobiante y el córdoba está sobrevaluado. Es urgente una política económica que reduzca ese déficit y promueva un sistema de economía eficiente. Estimular las exportaciones de forma sostenida. Para ello es necesario reactivar la economía y buscar nuevos mercados y aprovechar los nichos aún no explotados.
Se deben apoyar a los sectores que resulten más rentables y eficientes. El sector turismo y las Zonas Francas pueden ser estratégicos. El ecoturismo con un 30% anual, es una de las ramas de mayor crecimiento en el mundo. El sector agrícola con los productos no tradicionales, no deben ser marginados. No seamos presa de la euforia del libre comercio. Al menos intentemos negociar en nuestro beneficio con talento y disminuir así las afectaciones negativas. “Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”.
* El autor es Doctor en Economía.