¡Vaya, qué oportunidad!

Ernesto Rivas Solís

Al despertar esta mañana se me vino una idea a la mente. ¡Caramba, que oportunidad más maravillosa! Y es que me di cuenta que a los nicaragüenses se nos ha brindado una oportunidad, única, por así llamarla, porque se nos ha presentado un país —el nuestro por supuesto—, que casi no tiene nada hecho; que lo que hubo una vez lo destruyeron desde hace muchos años aquellos que venían a salvarnos de la dictadura, y que nos impusieron en cambio una tiranía, en que se segaron vidas, se destruyeron los campos y las haciendas, se robaron las casas y los negocios, la mayor parte de la veces para destruirlos también, hasta dejarnos un país en ruinas, sin infraestructura, sin riqueza, con todo por hacer, todo por construir, todo por planificar, todo por progresar y por vivir en paz y en concordia.

Es en verdad, un gran descubrimiento. Porque esa oportunidad no la había notado por andar preocupado con alimentar odios del pasado, y por clamar justicia, cuando en realidad lo que buscamos es venganza. Esa telaraña de diarias preocupaciones no nos permitió ver la dorada oportunidad de construir o reconstruir una nación casi en ruinas, donde pasaron unos con su tiránica dictadura, otros con su disfrazada democracia, otros con su descarada sed de riquezas, y así fueron dejando entre unos y otros un trozo de terreno listo para comenzar de nuevo, o para hundirlo hasta el fondo.

Y somos nosotros, los que predicamos la hermandad entre conciudadanos, los que queremos sustituir ese odio por amor, y esa destrucción con nuevas obras, los que tenemos que tomar la bandera de nuestra propia reivindicación. No podemos continuar por el camino que vamos sin experimentar resultados adversos. Necesitamos recoger la luz de nuestro cielo para iluminar y eliminar las sombras de nuestras raíces. Necesitamos recoger la responsabilidad que hemos echado a un lado para satisfacer nuestras ansias de venganza y nuestros rencores por el mal que nos han hecho. Difícil es reparar esos daños, y erradicar semejantes sentimientos, si no nos responsabilizamos de nuestros actos, si no tomamos al toro del futuro por los cuernos para parar la bestia que todos llevamos dentro.

Yo también, como muchos, me he deleitado en buscar la revancha. Yo también he capeado el bulto de mis obligaciones. He permitido que el odio y el rencor se apoderen de mi espíritu, y he cerrado las puertas a la concordia y al amor al prójimo.

Y, por supuesto, he estado ciego a la oportunidad que se me ha dado de construir lo que es mío, de levantar del suelo el honor patrio, de solventar los males que nos han aquejado porque vivimos ensimismados en el odio y la venganza.

No digo que no hay que castigar a los culpables. Lo que sí digo es que hay que darle prioridad a lo positivo ante lo negativo. Que en estos precisos momentos se nos está brindando la oportunidad de cumplir nuestra misión de ciudadanos, y de abrirle las puertas a la luz y no permanecer en las tinieblas. Y hay que aprovecharla.

Este artículo es el último que escribió el periodista Ernesto Rivas Solis, quien falleció el recién pasado domingo 10 de marzo.  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí