Un ejemplo de honradez gubernamental

José Joaquín Quadra C.

Nada más halagador y creador de una nueva era que llene de esperanzas al pueblo nicaragüense, que las medidas de austeridad administrativa que usted efectuará antes del mes de haber tomado posesión de la Presidencia.

Es precisamente lo que el pueblo esperaba del ciudadano, ing. Enrique Bolaños, fueron precisamente unas de las razones por las que recibió esa hermosa cantidad de votos y fueron también por las que muy pocos ciudadanos se quedaron en casa el 4 de noviembre.

El ejemplo es la mejor manera de convencer, el testimonio dado con la actuación es convincente.

Siga adelante con pasos firmes y convicciones claras. Bien lo dice usted en su comparecencia ante la Asamblea Nacional.

“Tal y como me comprometí con el pueblo nicaragüense a lo largo de la campaña presidencial, hoy presento ante ustedes un primer conjunto de leyes y reformas que incluyen iniciativas que procuran institucionalizar una mayor transparencia en la gestión pública, a tono con la restauración moral que nos hemos propuesto”.

Si don Vicente Cuadra nos legara algo a los nicaragüenses en su presidencia de 1871-74, fue el ejemplo de la honradez administrativa.

Permítame recordar una sencilla pero hermosa anécdota.

El Reloj de la Presidencia

— ¿Por cuánto vas a componer el reloj?, preguntó don Vicente.

—Por diez pesos— contestó el músico– relojero.

— ¿Sencillos, Blas?

— Fuertes, señor presidente.

— Llévate el relojito, pues, y tráelo mañana compuesto.

— No mañana, sino el sábado.

— Está bien.

Cuenta don Blas Villalta que él extrañó que don Vicente no regatease el precio de la composición del reloj, o el relojito, como lo llamaba, aunque era grande, como llamaba también petatillo al petatón-alfombra.

El señor Villalta vuelve al Palacio con el reloj compuesto. Don Vicente después de examinarlo un rato dice:

—Bueno.

Entonces el músico–relojero dice a don Vicente:

—Aquí traigo el recibo de los diez pesos para que usted me le ponga el “visto bueno” y me pague el tesorero.

Don Vicente toma el papel que le da el maestro Villalta, lo lee y lo rompe.

Angustia en el maestro.

Pero don Vicente, que ya estaba esperando el reloj, se saca del bolsillo diez duros y se los entrega a don Blas, diciéndole:

—El reloj no le sirve a la nación, sino a don Vicente Cuadra. ¿Para qué quiere reloj la nación? Vicente Cuadra, pues, le paga a Ud., la Nación no le hubiera pagado a Ud. diez pesos, y fuertes, una barbaridad, porque Ud. le gana a ella por otro lado.

Los hombres de los treinta años, los verdaderos, eran delicados hasta allá. El reloj del Palacio le servía a la nación, puesto que le servía al presidente de la misma. Pero don Vicente Cuadra, ridículo, cuando se trataba del tesoro público, a juicio de los murmuradores, pagó particularmente la composición de un objeto nacional.

¡Dichoso el país donde un gobernante sea ridiculizado por económico!

El autor es historiador.  

Editorial
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