Este lunes pasado, en el programa “Primera Hora”, del Canal 2, el experto en materia fiscal e impositiva, doctor Julio Francisco Báez Cortés, describió y explicó con gran claridad y precisión, algunas de las barbaridades y abusos de poder que cometen los diputados ante la Asamblea Nacional.
Para empezar, el Dr. Báez hizo ver la razón por la cual los “padres de la patria” —en total y abierta violación a las leyes de Nicaragua— declaran su Impuesto sobre la Renta en base a un sueldo de 4,250 córdobas mensuales. La razón es sencilla y aberrante: lo hacen así con la malsana intención de hacernos creer que cumplen con su obligación de pagar impuestos. Pero veamos, en realidad, cuánto es lo que “pagan”.
Al multiplicar 4,250 córdobas por 12, se obtiene un total de 51,000 córdobas anuales. La ley señala que los ingresos hasta 50,000 córdobas no son gravables, pero sí hay que pagar sobre cualquier cantidad que exceda ese monto. El exceso en ese caso es de 1,000 córdobas, y el impuesto a pagarse se determina multiplicando esa cantidad por una tasa del 10 por ciento. Eso significa que los señores diputados pagan sólo 100 córdobas —7 dólares— de impuestos al año, cuando lo que deberían de pagar, según cálculos del Dr. Báez, son ¡10,000 dólares! Eso quiere decir que cada diputado debería pagar —pero no lo hace— 9,993 dólares más de impuestos cada año. Multiplicando esa cantidad por 92 parlamentarios, encontramos que el monto que los “padres de la patria” evaden en el pago de impuestos es de 919,356 dólares anuales, equivalentes a ¡12 millones 870 mil 984 córdobas!
Pero todavía hay más. Los diputados cometen una atrocidad moral y jurídica cada vez que legislan en beneficio propio, como en el caso que a continuación se expone. En La Gaceta No. 244, del 24 de diciembre del año recién pasado, se agregó una partida en el Artículo 3 de la Ley 412, Ley Anual de Presupuesto General de la República, que, entre otras cosas, contempla una asignación de 36 millones 800 mil córdobas para “proyectos de apoyo a las comunidades” que se repartirán “equitativamente por cada diputado”. Eso quiere decir que cada uno de ellos se ha autoasignado, indebidamente, 400 mil córdobas anuales para hacer lo que no le corresponde, ya que, como bien señala el Dr. Báez, dentro de las funciones que el Artículo 138 de la Constitución Política le asigna a los diputados ante la Asamblea Nacional, no hay ninguna que los autorice a realizar proyectos de ningún tipo, y mucho menos a recibir fondos estatales para esos fines.
El Dr. Báez hizo referencia también a otro caso en el que los diputados han abusado de sus funciones en beneficio propio. Eso ocurrió en 1998, cuando en la Ley No 293, determinaron el orden de prioridad bajo el cual se asignarían los fondos provenientes de la venta del 40 por ciento de Enitel. En esa oportunidad, los legisladores se recetaron 10 millones de dólares. El orden de prioridad establecido fue el siguiente: primero, 20 millones al Fondo de Crédito Rural; segundo, 10 millones a energía eléctrica, agua potable y caminos de penetración; tercero, 10 millones a viviendas rurales; cuarto, 10 millones al Fondo de Combate a la Pobreza; quinto, 10 millones “para la ejecución de proyectos presentados por cada uno de los diputados de la Asamblea Nacional por partes iguales para obras sociales”; y sexto, “el restante de fondos para el fortalecimiento de las reservas del país”. El descaro de los diputados, sin embargo, no paró ahí. En abril del 2001 modificaron el orden de prioridades y se ubicaron en segundo lugar, y pasaron la asignación para energía eléctrica, agua potable y caminos de penetración, al quinto lugar.
La actuación abusiva y descarada de los diputados debe parar de inmediato. Para empezar, los diputados deben pagar los impuestos conforme sus ingresos totales que son de aproximadamente 4,500 dólares mensuales, y no de 4,250 córdobas, y en segundo lugar, hay que detener la asignación de los 36 millones 800 mil córdobas a los diputados, para lo cual cualquier ciudadano puede recurrir de inconstitucionalidad ante la Corte Suprema de Justicia. Aún hay tiempo. ¡Basta de tantas zanganadas!