- Jóvenes son integrados para realizar labor de alta calidad
María Antonia López M. [email protected]
Los tradicionales bordados, hechos a mano o máquinas de coser, que generalmente se trabajan en León o Granada, no tienen competencia con la nueva tecnología. La razón es muy simple, la labor que realizan una gran cantidad de mujeres que se dedican a este trabajo, casi de filigrana, tienen un peculiar estilo “tradicional” que orgullosamente demuestran la “nicaraguanidad” en cotonas, batas, blusas y otros productos.
Si bien es cierto una máquina computarizada está capacitada para hacerlo, el acabado no es el mismo y además resulta más costoso.
Hace unos años en Nicaragua solamente se conocía el colorido y delicado bordado de la ropa típica de los pueblos de Oriente. Presuntamente, es hasta 1991 cuando al país es introducida la primera máquina de bordado computarizada.
Actualmente en Managua, existen unas cinco industrias realmente establecidas, que desempeñan el bordado computarizado, para ello están obligados a actualizarse constantemente, cosa que implica disponer de una fuerte suma de dinero.
Emilio Farrach, propietario de la Casa de Los Emblemas, explicó que ellos se introdujeron al mercado en 1999, obligados por la demanda del público, que no quedaba satisfecho solamente con el servicio serigráfico. Aunque también es determinante el uso que se le vaya a dar a la prenda o producto. Por lo general, los uniformes se prefieren bordados.
La agilidad del proceso depende de la maquinaria con que se cuente, es por ello que mientras unas solamente cuentan con una cabeza y hasta seis tipos de hilos distintos, otras están dotadas de 20 cabezas.
De tal manera, que un bordado pequeño, se puede lograr en 15 minutos, aunque eso depende enteramente del tamaño del diseño y la complejidad del mismo, puesto que algunos llevan hasta más de una hora.
UN LOABLE ESFUERZO
Algunas empresas de bordado han nacido en el país, tras contratar a jóvenes que antes se dedicaban a la venta de productos en las calles, o bien, integraban pandillas, pero que actualmente son altamente experimentados en el manejo de máquinas computarizadas.
Esto es producto del trabajo que se realiza en el Centro Juvenil Don Bosco, donde la regeneración pasa por la reconversión moral y la tecnificación laboral a fin de que puedan ingresar al mercado laboral de forma competitiva.
El Padre Atanasio Rodríguez explicó que los jóvenes deben pasar un proceso de aprendizaje que inicia desde el aprender a coser hasta el dominio de las máquinas de bordado computarizado.
Eso permite que dichos jóvenes tengan más opciones en el mercado de trabajo, y facilitar la colocación en empresas nacientes.
En Don Bosco, el pequeño taller, se ha formado con algunas donaciones, y ahora tienen capacidad de competir con otras empresas de vieja data, con capacidad de 80 mil bordados a la semana, también cuentan con asesoría constante de especialistas de Estados Unidos y de Centroamérica.
Este taller ahora pretende convertirse en una fuente autosostenible, que además sirva para financiar operaciones de los otros que posee el centro.