José Leñero G.*
Es un hecho conocido que, de todos los hechos que ocurren en nuestro rededor, no todos nos interesan. Los que sí interesan forman lo que Stephen Covey llamó, hace diez años, el Círculo de Interés. Dentro de él, hay algunos sobre los cuales tenemos capacidad de decidir que ocurran, o que ocurran en cierta forma, y otros que no. El primer grupo es el Círculo de Influencia.
Muchas personas sienten que esos hechos externos fuera de su control, condicionan su vida. En cambio, para otros, esos hechos pueden ser restricciones, pero siempre es posible buscar cómo influirlos o ignorarlos.
Las primeras se llaman personas “Reactivas” y se caracterizan por creer que cada estímulo que el ser humano reciba, causa siempre la misma reacción, esto es una forma de determinismo.
Las segundas se llaman “Proactivas” y, por el contrario, creen que a cada estímulo, siempre tienen libertad interior de elegir la respuesta, ya sea porque pueden utilizar su claridad del efecto que tendrá su decisión, o su capacidad de imaginar más de un curso de acción posible, o su capacidad de valorar el significado ético de la decisión. Pero, por sobre todo, está su conciencia de que nadie puede obligarlo a hacer lo que no quiere, es decir, que asume la “responsabilidad” por lo que deciden, palabra que Covey descompone ingeniosamente y certeramente en “Responder con Habilidad”.
Mientras para los Reactivos la solución de cualquier problema está afuera, de modo que sólo se solucionan si cambia el entorno (estaré contento cuando tenga casa propia; ascendería si tuviera mi título…), para los Proactivos la solución viene de ellos mismos, proponiéndose ser diferentes en algo (tendré oportunidades si soy más paciente; evitaré dificultades si soy más cuidadoso…).
Aunque esta actitud no garantiza el resultado, expresa una disposición de buscar una solución distinta de la obvia y, por tanto, un intento de traer esos hechos de su Círculo de Preocupación al de Influencia.
Es claro que el líder que necesita cualquier organización no puede ser alguien que dependa del entorno para tomar sus decisiones, sino alguien que tiene la actitud de usar su imaginación, sentido de la responsabilidad y claridad ética para realizar las acciones que busquen modificar lo no controlable, es decir, debe ser una persona Proactiva.
Sin embargo, esa proactividad no asegura que no ocurran cosas inconvenientes como cometer errores en la decisión o en las acciones que la siguen, o no obtener las respuestas esperadas.
Lo grave es que las actitudes reactivas o proactivas no sólo tienen efectos inmediatos, sino que generan tendencias que van modificando el Círculo de Influencia de cada uno.
En efecto, cada vez que una persona Reactiva renuncia a enfrentar una situación porque siente que no puede hacer nada, su Círculo de Influencia pierde un poco de amplitud y el uso reiterado de estas evasiones, hace que la persona tenga una capacidad menor de influir sobre su entorno. En cambio, el Proactivo cada vez que busca una solución a los problemas externos, va adquiriendo nuevas experiencias que hace que su Círculo de Influencia crezca.
* Consultor Internacional.