Edgard Tijerino M. [email protected]
¿Vieron a Diego Sandino la noche del martes remontarse al cielo con alas de Cóndor, como dice Rubén en aquel poema “A Emilio Ferrari”?.. Él utilizó su control sobre la curva y el slider con alto grado de precisión, para dejar sin hit ni carrera al equipo de Estelí, colocado como número dos en el ranking ofensivo pese a su permanencia en el sótano de la tabla de posiciones… Si no estaban ahí, laméntenlo, puede que nunca más Diego vuelva a lograr la proeza.
Pobre Julio Moya que se fue del escenario sin haber podido saborear el néctar de un no hitter, y pobres Steve Carlton, Roger Clemens y Greg Maddux, que no pueden incluir entre su grandiosidad, una faena de orejas y rabo, de esas que hubieran hecho palidecer al Cordobés, a Manolete, o Paquirri.
Un no hitter no sale solo, como se dice del jonrón y del nocaut… Es un trabajo paciente y eficazmente elaborado, paso a paso, con la carga de presión que estrangula nuestra emoción y agita las expectativas… De pronto, algo puede fallar, en cualquier momento.
¿Recuerdan a Miguel Ángel borrando súbita y bruscamente lo pintado en el techo de la Capilla Sixtina? Algo había fallado… Un no hitter es una obra de arte que necesita la ayuda de todos, incluso la de un juez como el de primera base que decretó out a Noel Rojas, o la del anotador, como cuando retuvieron un hit que afectaba a Nolan Ryan hasta que Reggie Jackson volvió a golpearlo en las postrimerías del juego.
Y Diego la obtuvo en dos gestiones defensivas de oro puro… Ese fildeo agresivo y seguro del antesalista Juan Oviedo viniendo hacia delante como Corsario desbocado en busca del toque de Noel Rojas para sacar un gran out con formidable escopetazo en el tercer inning, y la intercepción de Sandy desplazándose hacia su derecha entre short y tercera, y buscando angustiosamente en el hueco, el ángulo de tiro propicio con Rojas zumbando hacia a primera. Era el probable out 27, el hit frustrante o el error en el peor momento. La pelota se enterró mientras los corazones de los testigos trataban de salir por las gargantas, cuando Nemesio, con su guante por siempre milagroso, ahogó la píldora.
¡Qué final de juego amigos!.. ¿Era out o safe?.. A mí me pareció safe, pero el juez cantó out, y nadie protestó… No valía la pena ponerse discutir alrededor de un esfuerzo tan grandioso. No discutió Fred McGriff cuando el umpire Eric Gregg le cantó el tercer strike con aquel lanzamiento tan alto de Liván Hernández, sellando la eliminación de los Bravos en el 97 por 1-0… Un swing de McGriff podía provocar el empate, pero no hubo protesta.
¿Quién iba a pensar que el error en el primer inning de ese chavalo tan entusiasta como es Silvio Silva, evitaría un Juego Perfecto?.. Como tampoco podíamos sospechar que la jugada de Oviedo en el tercero, estaba preservando un no hitter.
Sandino fue un arquitecto como Bramantes dominando bateador tras bateador… Ahí estaba la asesoría oportuna del “Boricua” Jiménez y la relación de Sandino con el catcher Marlon Abea, con un entendimiento inalterable… Oh, Dios, ¡qué grande se veía la luna!
En cambio, el Estelí se vio disminuido hasta la inutilidad por un magistral Diego Sandino… El impresionante ganador de la Triple Corona hace un par de torneos, se aproximó a la perfección en su faena más grandiosa.
¿Cuántos tesoros más tendrá ocultos en ese brazo derecho cargado de sabiduría?
UN OUT MÁS
“Él supo manejar la presión. Siempre se vio sereno, lo cual le permitió mantenerse controlado. Una noche de dominio casi perfecto”, Marlon Abea, el catcher.
“Es disciplinado para seguir instrucciones. Logró cabalgar sobre las recomendaciones utilizando su gama de recursos. Un gran pitcheo”, Antonio “Boricua” Jiménez, coach de pitcheo.
“Confié en mi curva y en el slider, y recurrí a mi recta bajita para incomodar… Tuve una idea clara de la zona de strike y no tuve temor para fajarme”, Diego Sandino.
El último no hitter, en febrero del 96, logrado por Daniel Miranda, fue de cinco entradas, es decir, 12 outs menos. En 1973, Antonio Chévez trabajó tres no hitters, dos de ellos en la temporada regular.