Michel Moutot
NUEVA YORK/AFP.-Los soldados de las Fuerzas especiales estadounidenses prefiguran a los guerreros del futuro: livianos, móviles, rápidos, constantemente conectados y capaces de desencadenar súbitamente una terrible potencia de fuego, estiman dos investigadores.
Los expertos estadounidenses David Ronfeldt y John Arquilla escribieron en 1999 para el centro de investigaciones Rand Corp., un influyente grupo de análisis con sede en California (suroeste), un informe titulado:
“Imbricación, el futuro de los conflictos”, en el cual teorizan sobre las tácticas que los boinas verdes del ejército estadounidense parecen haber aplicado al pie de la letra durante las últimas semanas.
Los investigadores describen a combatientes organizados ya no en patrullas o cuerpos del ejército sino en “swarms”, enjambres de “ciber-soldados” poli funcionales que actúan en pequeños grupos muy móviles, difíciles de detectar y de atacar, bien armados y principalmente en contacto permanente vía satélite con su comando y capaces de hacer llover súbitamente sobre sus objetivos avalanchas de fuego.
John Arquilla, profesor de tácticas en operaciones especiales en la Academia naval de Monterey (California), explica que las Fuerzas Especiales, a las que se pudo ver movilizándose a caballo, al volante de camionetas pick-up civiles o piloteando aviones en las montañas afganas, “son las que comprendieron primero el poder de la imbricación. Es su modo de empleo”.
TEORÍA DEL ENJAMBRE
Las tecnologías, principalmente en el sector de las telecomunicaciones, estaban disponibles desde hace tiempo, asegura. “Afganistán permitió a las fuerzas especiales poner en práctica la teoría del enjambre. No podíamos desplegar un millón de hombres, en consecuencia debimos hacer el trabajo con pequeños grupos” de combatientes.
Gracias a las nuevas tecnologías, basadas en la comunicación constante con satélites militares, esos pequeños comandos operan principalmente de noche sin perderse, envían sus informes y reciben instrucciones en tiempo real, pueden ser reforzados, desplegados por helicópteros o vehículos todo terreno, reaprovisionados a pedido.
“Ahora podemos disparar a partir de cualquier distancia y ser muy precisos, al contar con un sistema integrado con gente en tierra que se comunica en tiempo real con quienes ejecutan los disparos”, agrega Arquilla.
Según Ronfeldt, especialista de Rand desde hace años, en la aplicación de nuevas tecnologías a las doctrinas de defensa, “nuestro trabajo no dio a las fuerzas especiales la idea de la imbricación, pero es cierto que, principalmente desde septiembre, es considerada como una especie de modo de empleo por algunos oficiales”.
“La campaña de Afganistán validó ese concepto (…) Falta saber si esta legitimación será aceptada por todo el mundo en el Pentágono…”.
La teoría del enjambre parece haber encontrado un apoyo significativo en la Casa Blanca: dirigiéndose a militares el 11 de diciembre, el presidente George W. Bush declaró: “Esta revolución en el seno de nuestras fuerzas armadas no es sino el comienzo y cambiará la imagen de las batallas. Afganistán ha sido un campo de pruebas para esta nueva táctica, que nos enseñó más sobre el futuro de nuestras fuerzas armadas que décadas de trabajos teóricos y simposios”.