Alejandro J. Gallard-Prío [email protected]
La felicidad de un pueblo es individual y si todos conquistamos esa felicidad y luchamos por ella, Nicaragua saldrá avante. Esos millones de ciudadanos que con esperanza, ilusión y alegría depositaron su voto el 4 de noviembre por una nueva Nicaragua, son una ola arrolladora que dará a los estadistas electos, la inspiración y la fuerza para liderar con firmeza, honestidad, austeridad y nobleza a un pueblo que tiene deseo de superar y triunfar.
Si torres se derrumban en espacio de minutos, ¿qué podrán esperar los humanos que se ufanan de poder, orgullo y riquezas, mientras un pueblo enfermo sufre de hambre y justicia?
Ha llegado la hora de abrir los ojos y cambiar de actitud.
Feliz 2002, con salud, amor y alegría.