- Vida de estos pacientes depende de los donadores de sangre
Gabriela Roa [email protected]
Un chichote que se hizo Darling Orozco Velásquez en la cabeza cuando se cayó mientras jugaba, provocó que lo hospitalizaran en “La Mascota”, donde los doctores le detectaron una enfermedad que cargaba sin darse cuenta: la hemofilia.
Ahora Orozco, a sus 12 años, asegura que a veces trata de cuidarse para no desangrarse a causa de una herida, “no ando jugando con los chavalos, y sólo me estoy sentado viendo televisión para no golpearme”.
“La Navidad del año pasado me la pasé internado en ‘La Mascota’, esa vez porque me herí la rodilla”, dijo tras mostrar cómo se le deformó después del accidente.
La hemofilia es una enfermedad hereditaria que la transmiten las mujeres y la padecen los varones. Los afectados carecen de una proteína en el plasma, la cual es importante para la coagulación de la sangre.
Los varones hemofílicos a menudo sangran de las articulaciones, de las masas musculares, o de cualquier sitio del organismo, y sólo logran detener el sangrado con un tratamiento sustitutivo a base de plasma o factores concentrados de la coagulación.
Otro de los problemas que enfrentan los pacientes es la invalidez prematura que padecen, debido a que los sangrados en las articulaciones y músculos les provocan fracturas.
El doctor René Berríos, director del Programa Nacional de Sangre en la Cruz Roja Nicaragüense, recordó cómo esta institución atendió por casualidad en 1978 a dos pacientes hemofílicos que buscaban ayuda.
“Como aquí está el banco de sangre y se producen los derivados sanguíneos que necesitan este tipo de pacientes, se empezó a atender a estas personas, y así comenzó la cadena”, comentó.
Después de algunos años se estableció oficialmente el único Programa de Hemofilia que existe en el país, en el cual cuentan con más de 200 pacientes inscritos.
“Según la frecuencia de esta enfermedad debería de haber un caso por cada 10,000 habitantes, de modo que esperaríamos para Nicaragua unos 500 pacientes”, agregó.
Sin embargo, muchos hemofílicos no saben que padecen la enfermedad, aunque Berríos aseguró que, probablemente, los más severos asisten a la Cruz Roja.
“Tenemos pacientes de todos los departamentos del país, no hay un solo departamento en Nicaragua donde no haya hemofilia, aunque los grupos más grandes están situados en Managua y Occidente, como León y Chinandega”, subrayó.
Por tanto, la Cruz Roja cuenta con un albergue con 16 camas, baño y sala, entre otras cosas, donde los pacientes de los departamentos pueden quedarse mientras dura el tratamiento.
El doctor explicó que la principal causa de muerte de los hemofílicos es el sangrado intracraneal.
En Nicaragua la mayoría de los enfermos son menores de 30 años, pese a que se ha mejorado su expectativa de vida, según el doctor.
Ervin Vency también es hemofílico, y acude a la Cruz Roja, desde Bonanza, cada vez que siente dolores en los huesos.
Dijo que le detectaron la enfermedad desde los tres meses de nacido, porque le aparecieron unos morados en el cuerpo y su mamá lo llevó a chequear.
Recientemente estuvo internado en el “Manolo Morales”, porque estuvo vomitando sangre a causa de sangrados internos.
Vency ya cumplió los 21 años, y asegura que trata de vivir con cuidado evitándose problemas y trabajos fuertes, aunque su fuente de vida son las labores en las minas.
“DONEN SANGRE Y SALVEN UNA VIDA”
El doctor René Berríos, director del Programa Nacional de Sangre en la Cruz Roja Nicaragüense, aseguró que carecen de plasma para los pacientes hemofílicos, por lo que hizo un llamado a los pobladores para que lleguen a donar sangre.
“Hacen falta más donadores de sangre, donen sangre y salven una vida, si ellos (hemofílicos) no reciben plasma van a morir irremediablemente”, advirtió.
Para donar sangre basta tener la buena voluntad y algunos requisitos como tener entre 17 años y 65 años, un peso de más de 110 libras, no haber padecido hepatitis en su vida ni de malaria en el último año, y mantener una vida sexual saludable.