Róger García Marenco [email protected]
En el caso de la disputa con Colombia, por el mar territorial en la zona del Caribe, pareciéramos encaminados a cometer, nuevamente, el error de confundir el sistema legal con la aplicación de justicia. En asuntos legales, como en las discusiones de cantina, gana el que tiene más galillo, el más hábil y menos escrupuloso manejando los argumentos, y no necesariamente el que tiene mejores bases político-legales. Por eso siempre hemos perdido la decisión, aunque hubiéramos ganado el alegato.
Hay que establecer científicamente la demarcación —según las leyes internacionales aceptadas por los litigantes— de los linderos del mar territorial de cada uno de los contendientes. Una vez que cada país ha reconocido sus respectivos derechos, le será difícil reclamar más pinol del que le permiten tragar sus mismos acuerdos.
Necesitamos juristas de peso, con experiencia internacional. Los nacionales podrían no ser menos preparados jurídicamente, pero no se pone de cuarto bate a alguien sin experiencia en grandes ligas, por muy bueno que sea, para juegos de serie mundial. Eso sí, debe ser alguien que no tenga razones particulares —políticas o económicas— para vendernos.
La importancia de la zona disputada es obvia. Hay reservas de gas, petróleo y recursos marítimos, y además un intenso tráfico, incluyendo de drogas procedentes de Colombia. Ambas razones benefician a quien controle la zona, ya que no son aguas internacionales y se podría cobrar peaje, como se hace con el espacio aéreo.
Ingeniero químico