Benjamín Blanco [email protected]
Sólo faltó el grito de ¡luces, cámara, acción! Pues los actores estaban completos: San José, la Virgen María embarazada, los reyes magos, los pastores y hasta una burrita de carne y hueso recorrieron las calles principales del municipio de Tipitapa en la víspera de Navidad.
Una vez más, la tradicional Pastorela fue la atracción principal el pasado 24 de diciembre entre los pobladores de esta animada ciudad, ubicada a 22 kilómetros al este de la capital.
Son pocas las personas como doña Miriam Rayo, que preocupadas por rescatar las tradiciones religiosas, dedican tiempo y esmero a la organización de este tipo de evento que recrea las escenas bíblicas que giran alrededor del nacimiento del llamado Niño Dios.
“Lo que buscamos es dar a conocer a los niños lo que significa el nacimiento del niño Jesús. Es una manera práctica de mantener viva la tradición”, expresó a LA PRENSA doña Miriam.
A esta señora, de 64 años, le toma dos meses preparar y ensayar con unos 100 niños las llamadas Pastorelas, para las cuales debe buscar los disfraces y atuendos adecuados y todos los elementos visuales necesarios con el apoyo de los padres de familia de los menores.
No puede faltar la vestimenta de la época resaltada con túnicas vistosas, niños vestidos de ángeles, pastores y pastorcitas con trajes de llamativos colores y con flores que adornan sus cabezas, cargando presentes que serán entregados al Niño Dios al final del desfile.
“Yo asumo los gastos de la música y la pólvora, y con el apoyo de los padres de familia logramos vestir a los niños. Pero sería bonito si tuviéramos el apoyo de la Alcaldía y empresarios privados de Tipitapa o de Managua, pues haríamos algo más grande y más vistoso”, recalcó Rayo.
La señora que desde hace 16 años viene rescatando esta tradición navideña asegura que muchos de los disfraces —como el de San José, la Virgen María o los Reyes Magos— los alquila en Masaya a precios módicos.
El desfile de las Pastorelas sale de la iglesia de Tipitapa, y en él sobresale el personaje de la Virgen María vestida de lino blanco, montada sobre una burrita, en busca de posada para dar a luz al Niño Jesús. Después de realizar varias posadas (estaciones) durante el recorrido por las calles, la procesión religiosa culmina con la posada final en la que José y la Virgen encuentran un establo para que nazca el Niño Dios.