La columna de Eduardo Enríquez del sábado 15 de diciembre (“Papá Estado”), fue un excelente mensaje a los funcionarios públicos. Quienes aceptan servir a la ciudadanía adquieren una responsabilidad, no un derecho a un banquete. El aceptar el honor de administrar, supervisar y promover los bienes de la ciudadanía, conlleva sacrificios y compromisos. El premio lo da la satisfacción de servir por el bien público, para mejorar las condiciones de vida y oportunidades de sus connacionales, y no para aprovecharse de los escuálidos recursos, de un papá Estado, que ha pasado por una larga crisis de abusos de malos hijos, que para colmo, han heredado malas costumbres que hay que erradicar.
El funcionario público debe ser modelo de eficiencia, austeridad y servicio.
Alejandro J. Gallard Prío