María Antonia López [email protected]
La naturaleza salvaje resiste. La civilización no cesa en su intento de doblegar al majestuoso Río San Juan. El enorme caudal insiste y repliega a sus orillas a los conquistadores. Descubierto en 1525, fue llamado por los españoles El Desaguadero, y constituyó una de las rutas más importantes del comercio por el Mar Caribe.
El San Juan recoge historias de heroínas, piratas y mercaderes, y es dueño de una indescriptible belleza, que impregna de sensaciones y visiones a los viajeros, obligándolos a regresar al pasado.
Con una extensión de 200 kilómetros, el Río San Juan se encarga de llevar hasta el Mar Caribe las aguas del Lago de Nicaragua, alimentadas por las lluvias que caen casi todo el año.
Hasta Río San Juan se llega por la vía terrestre, en recorrido desde Managua en ruta a Chontales, durante siete horas de camino embalastrado. Por aire, para llegar hasta San Carlos se necesita en promedio una hora, y por agua, a bordo de un barco que atraviesa el lago de Nicaragua, partiendo del puerto de Granada.
Las embarcaciones que navegan el río son de mediano calado, por ello es notoria la cantidad de botes de remo que los pobladores de la ribera utilizan para trasladarse, al reconocer que una buena parte de la longitud del río se caracteriza por aguas mansas y algunos rápidos.
Cerca de la cabecera departamental, San Carlos, se localizan las reservas Los Guatusos, Esperanza Verde e Indio Maíz, cada una con sus propias características.
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