Betty Espinoza, es una de las rosquilleras de Somoto, que sueña con poder ampliar la industria de la que tanto orgullo siente

Las rosquillas, orgullo de Somoto

Las rosquillas somoteñas se catalogan como las mejores del país. Además, su industria es una de las principales actividades económicas de ese pueblo, donde funcionan 25 pequeñas empresas, que generan unos 250 empleos permanentes. Sin embargo, las mujeres que fabrican las rosquillas enfrentan serias dificultades económicas para ampliar su industria. Martha Marina González y Adolfo […]

  • Las rosquillas somoteñas se catalogan como las mejores del país. Además, su industria es una de las principales actividades económicas de ese pueblo, donde funcionan 25 pequeñas empresas, que generan unos 250 empleos permanentes. Sin embargo, las mujeres que fabrican las rosquillas enfrentan serias dificultades económicas para ampliar su industria.

Martha Marina González y Adolfo Olivas Olivas CORRESPONSALES/ ESTELÍ [email protected]

Las rosquillas somoteñas son, sin duda alguna, el orgullo de ese pueblo y las mujeres que las fabrican son dignas de ejemplo por la capacidad de trabajo, la convicción que las rodea y la exquisitez de su producto.

Una de las cualidades más importantes que tienen es su orgullo de ser mujeres productoras de rosquillas, una tradición heredada por sus antepasados en el municipio de Somoto, cabecera departamental del departamento de Madriz, fronterizo con Honduras.

La industria de las rosquillas es una de las principales actividades económicas de Somoto, donde funcionan 25 pequeñas empresas con esfuerzo propio, generando unos 250 empleos permanentes.

Betty Espinoza se destaca entre las fabricantes de las rosquillas somoteñas. Ella hace un producto de primera calidad y que incursiona a Estados Unidos y países centroamericanos a través de personas que se dedican al comercio.

“Las vendo en mi casa y muchas personas que viajan al extranjero compran grandes cantidades y las venden allá. En esa forma es que mis rosquillas se exportan”, expresó. Ella emplea a siete mujeres que trabajan desde las tres de la madrugada hasta las diez de la mañana, salvo el domingo.

PROBLEMAS ECONÓMICOS, PERO TAMBIÉN MUCHAS ESPERANZAS

A pesar que hace unas rosquillas de alta calidad, carece de las posibilidades económicas, como financiamiento, para extenderse a otros departamentos del país; sin embargo tiene fe que en un futuro, las fabricantes del producto puedan consolidarse y generar empleos en el municipio.

“Mi industria es una de las pequeñas que hay en Somoto, pero mis deseos de superación son tan grandes que sería imposible de medir y tengo la fe en Dios que voy a crecer”, expresó.

Indicó que diariamente procesa unas 25 libras de maíz, y vende el producto fresco para que tenga mejor aceptación y exquisita calidad.

Las pequeñas industrias de rosquillas trabajan con sus propios medios. “Yo tengo la ventaja que mi familia es ganadera y me abastecen de la cuajada, que es el producto básico para la producción de la rosquilla”, dijo.

Aún con los gastos que incurren en la fabricación, las rosquillas generan ganancias, con la salvedad que las ventas se redujeron en los últimos meses a raíz de los atentados en Estados Unidos, ya que mucha gente dejó de viajar.

Sin embargo, en Nicaragua hay mucha demanda, principalmente de personas que residen en Managua y Matagalpa.

“Por ejemplo, una señora de Matagalpa compra al por mayor y viaja a venderlas a los Estados Unidos y gana más que nosotras, pues allá las venden hasta en 10 dólares una bolsita, mientras que aquí las vendemos a solamente 10 córdobas”, comparó Betty.

DE GENERACIÓN EN GENERACIÓN

El conocimiento de cómo elaborar las rosquillas somoteñas se trasladó de generación en generación. Doña Sonia Soza es una de las fundadoras y sus rosquillas eran de las mejores; continuó su hija Sonia Salgado y a su producto la gente les llamaban “Las rosquillas Soza”. Otra que inició en el negocio es doña María Luisa Vílchez, su industria es una de las más grandes que hay y vende en el Oriental.

Para hacer las rosquillas utilizan maíz, azúcar, huevos, canela, mantequilla lavada o margarina, leche y la cuajada que es la más costosa porque su producción depende del invierno.

“El sabor de las rosquillas somoteñas se diferencia por la cuajada cocida. En otros departamentos usan el queso y algunas trabajan con borona y no quedan igual”, comentó Betty Espinoza, quien elabora las riquísimas rosquillas somoteñas.

Según Espinoza, muchos tratan de imitar la rosquilla somoteña, pero la falta de calidad fácilmente los pone al descubierto; además, no les molesta la imitación porque “las rosquillas somoteñas siempre serán las rosquillas somoteñas”.  

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