Un sueño crece en el San Juan

Pedro J. Chamorro B.

La gente que persevera en sus sueños, algún día los concretiza. Ése es el caso del promotor costarricense Alfredo López y un grupo de inversionistas norteamericanos que la semana pasada inauguraron un bello hotel de montaña en la histórica bahía, hoy laguna, de San Juan del Norte.

El hotel se levanta, en plena armonía con la exuberante naturaleza que le rodea, sobre las arenas de lo que un día fue el primer intento de dragar un canal interoceánico por Nicaragua. De las 4 dragas que lograron abrir los primeros 2 kilómetros de canal, todavía una sobresale derruida, sobre la bahía, frente al magnífico hotel ecoturístico.

El Comodoro Cornelius Vanderbilt fracasó en su empeño de dragar el canal, pero sin saberlo, dejó sembrada la semilla que hoy germina, llena de vida, en la otrora olvidada bahía de San Juan del Norte.

Desde que el turista pone pie sobre los tablones del muelle, hasta que llega a su habitación, camina sobre corredores levadizos techados con palma real, que se erigen sobre bellos jardines, que casi permanentemente reciben el riego natural de la lluvia, en una de las regiones de mayor precipitación pluvial en el mundo.

Si el Río San Juan es Nicaragua, hoy más que nunca, tenemos la oportunidad de conocerlo porque en San Juan del Norte la vida florece tras casi un siglo de olvido. Escuelas, comunicación telefónica, electricidad permanente, estación de policía, viviendas populares, parques, nuevos negocios, muelles, andenes, y al menos tres hoteles, incluyendo el nuevo y lujosos Hotel “Río Indio Lodge”.

Y aún falta: les parecerá mentira, pero por primera vez en más de 100 años, una draga profundiza la bahía o la laguna de San Juan del Norte, notable esfuerzo de la EPN para salvar el patrimonio histórico de nuestra nación: el acceso al viejo San Juan, de lo que solamente quedan vestigios de sus tres lujosos cementerios.

Me consta y doy fe que todo esto no existía hace 5 años. Sin exageraciones ni propaganda podemos decir que todo era un sueño, que hoy se convierte en realidad ante nuestros ojos incrédulos. Solamente falta algo que es sumamente necesario: una pista de aterrizaje para integrar definitivamente este lugar, que mi padre bautizó como “Los pies descalzos de Nicaragua”.

Decía mi padre en 1970, “Nicaragua es un país que debe su razón de ser a su eje geográfico y geografía fluvial, y que habiendo nacido de las aguas, es un contrasentido que jamás haya podido aprender a navegar sobre ellas”, dando la espalda a una región que otrora fue su gran fortaleza, y objetivo de la codicia de piratas y filibusteros.

Llegar entonces a San Juan del Norte en el año 2001 y encontrarnos con un lujoso hotel, en perfecta armonía con la naturaleza, en aquel lugar tan privilegiado por el Creador, es casi una experiencia surrealista para un soñador como yo.

Es por eso, que sin tener más interés en la zona que el nacionalismo que corre en mis venas, y la emoción que me causa ver cómo, poco a poco, se van calzando “los pies descalzos de Nicaragua”, es que escribo y describo lo que mis ojos han tenido el privilegio de ser testigos.

Sólo me causa tristeza no haber podido llevar a mi padre a verlo con sus ojos, así como la envidia, torpeza e ignorancia de los que no entienden el fenómeno que está ante la vista de todos y que algún día no muy lejano —estoy seguro— será del beneficio de todos los nicaragüenses.

Cuando la mente del ser humano está condicionada a ver sólo lo negativo, es muy difícil que pueda reconocer nada bueno, pero en el caso del Río San Juan, apartando las controversias políticas, hay mucho bueno que ver. Desde una montaña virgen que se conserva aún en nuestro suelo, pese a toda la depredación, para admiración del que navega sobre nuestro caudaloso Río San Juan, hasta la apertura de hoteles que facilitan la llegada de turistas nacionales y extranjeros a una zona que hace 10 años era un verdadero tabú.

Concluyo, dijo Mark Twain hace 134 años sobre el Río San Juan al contemplar un viejo vaporcito de la Ruta del Tránsito en la vera del río, ya casi totalmente cubierto por la vegetación: “En esta tierra de exuberante vegetación, no se puede hacer en el monte un claro que dure una semana infecundo. La naturaleza recoge todo átomo de polvo ambulante y lo obliga a depositar en la tierra sus bazares de verdor, si en el gancho de un árbol cae un puñito de polvo, nacen allí enseguida los helechos para mecerse al soplo de la brisa”.

Irónicamente, cuando Mark Twain pasó por Nicaragua en la Ruta del Tránsito, en los primeros días de enero de 1867, era más fácil viajar a esa zona para contemplar su belleza que hoy en día. De allí la importancia que tiene todo aquello que nos acerque más a nuestras raíces, independientemente de quién se lleve los méritos de lograrlo.

El autor es presidente de Inifom.  

Editorial
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