Cambios en el liberalismo nicaragüense

Julio Ignacio [email protected]

Se empieza a hablar, otra vez, sobre la unificación del liberalismo, supuesta ideología del partido en el poder, en este y el próximo períodos presidenciales. Yo creo, que para unificar algo, primero hay que entenderlo. En Nicaragua, país de políticos genéticos o por tradición, no por razón, especialmente nosotros los liberales, está probado que muy, pero muy pocos, entienden qué es liberalismo.

La prueba está que si entendiéramos y practicáramos la doctrina y la filosofía liberal, no existirían muchos de los conflictos políticos de Nicaragua ni internos a nivel de los liberales —llámense PLC o PLN o PLD o PLI—, y tuviéramos una verdadera democracia partidista interna; ni externos, a nivel de la política nacional, en los cuales aparecen involucrados quienes se autollaman liberales, término que generalmente se utiliza, por razones hereditarias o por otras que no vale la pena mencionar.

Ya se dice que, en la gran convención del PLC, del 11 de julio del 2002, se cambiará el nombre de Partido Liberal Constitucionalista, por el de Partido Liberal simplemente, para buscar una unión nacional.

Los cambios positivos siempre son bienvenidos, pero para que tengan validez, no deben ser solamente cosméticos, en la forma, sino que en el fondo, y fundamentales, de principios, pues el problema básico del liberalismo nicaragüense está en que entendamos los liberales, de una vez por todas, que un partido no puede existir para ser guardián de los caprichos de nadie, ni para satisfacer ambiciones particulares de ninguna persona, ni familia, pues los partidos deben existir, sobre todo uno liberal, como un medio, no como un fin, y como vehículo de las expresiones ciudadanas en general, y dar cabida a las diferentes tendencias, que deben tener libertad de acción y expresión.

Sinceramente creo que mientras estén involucrados Alemán y su gente, o gente como ellos, “inmovilistas”, que quieren que los cambios se hagan bajo sus condiciones y a su alrededor, soy pesimista. Ya Alemán lo intentó en 1996, con la misma propuesta, de que la unión se hiciera alrededor suyo, y gracias a que algunos no le hicieron caso, pues ya vemos los resultados de su gobierno.

Es importante que nos demos cuenta de que se podrán hacer cambios en el papel, y hasta se podrá conseguir un monopolio partidista en la Ley Electoral, a la brava, como acostumbramos a hacer las cosas, y una prueba de esto, es que el mismo presidente del CSE, Roberto Rivas, recientemente en declaraciones a La Prensa califico a la Ley Electoral como incongruente, confusa, y de contenido “restrictivo, troglodita y absurdo”, con la cual —dicho sea de paso— se destruyó y se inhibió a liberales. Por eso se podrá conseguir un monopolio político liberal en la ley o en un estatuto, pero conseguir la buena fe, la voluntad, el respaldo, y el apoyo, para lograr la unidad de todos los liberales sin coacciones ni atropellos a la dignidad de nadie, eso está por verse.

Como liberal deseo, que las mentalidades restrictivas, absurdas y trogloditas, no existan más, que hayan cambiado, o mejor, que se aparten para dar cabida a criterios frescos, y que ojalá la unidad se pueda hacer bajo principios de respeto, democracia y apertura, a todas las opiniones.

El autor es jurista, ex ministro del Trabajo.  

Editorial
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