Escogencias

Freddy Potoyfreddypotoy.laprensani.com

Los nombramientos hechos por don Enrique Bolaños, reflejan una voluntad política de querer cambiar las cosas poco a poco.

Salvo algunos casos, entre ellos el de Pedro Solórzano en el Ministerio de Transporte e Infraestructura (MTI), las otras designaciones están acertadas, o al menos así parecen.

En el caso del MTI, don Enrique quizás no acertó, y más bien eso refleja una imagen de “pago por favor político”. En el MTI era necesario un ingeniero de sólida solvencia profesional, conocedor de las especialidades que esta cartera tiene, pero no fue así.

Ojalá no siga esto porque empezará a debilitarse la voluntad política de querer cambiar las cosas. Cada riesgo que corra don Enrique y constituya una vulnerabilidad no previsible por su cuerpo de asesores y ministros, será aprovechada por la misma gente corrupta del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), a la que don Enrique no ha dado paso. De estas debilidades también podrían aprovecharse los sandinistas.

La solvencia profesional, moral, ética, la voluntad de hacer mejor las cosas, con una mentalidad amplia, con disciplina laboral, eficiencia, creatividad y sobre todo, con el ánimo de ser verdaderos servidores públicos, es que don Enrique debe seguir escogiendo a su gente.

Los ministros, viceministros y directores de entes autónomos, deben asumir como política estos mismos valores: nombrar a funcionarios menores y empleados en los distintos puestos, bajo la premisa de tener una administración pública de lujo.

Importantísimo para este gobierno es crear, cambiar o fortalecer muchas políticas, entre ellas la de comunicación. O se implementa profesionalmente una política de comunicación, o las cosas seguirán igual o peor. Quien diga que esto es fácil, es un farsante. Las cosas serias y de calidad no son fáciles, porque entonces todo el mundo las haría. En Nicaragua se han interpretado lastimosamente mal varios conceptos, al punto de hacer una ensalada de disparates.

Los funcionarios de gobierno irrespetan al periodismo porque muchos colegas y no colegas (ejerciendo periodismo), permiten esos espacios. Entonces se confunde el papel del periodista con el de relacionista público, publicista, vocero o portavoz, da igual llamarle como les dé la gana. Otros confunden sus funciones de asesores con los de “metechismes”, “serruchadores de piso”, serviles y hasta testaferros.

Deben prevalecer algunas cosas: separar claramente las funciones de cada cual y no confundir, por ejemplo, el trabajo de un periodista con el de vendedor de publicidad. Son dos cosas absolutamente distintas. Pero en los últimos gobiernos los funcionarios han alimentado esos errores conceptuales para aprovecharse de los hombres y mujeres de prensa, y así labrar sus imágenes aunque estén haciendo mal las cosas.

Don Mario De Franco, el “hombre fuerte” de don Enrique, debe supervisar cuidadosamente la escogencia de la base (funcionarios intermedios y empleados) sobre la cual estará cimentada la superestructura del nuevo gobierno. En la Cancillería, Gobernación y en el Ministerio de Defensa también hay muchas cosas que hacer, y eso tiene que ver con lavado de dinero, narcotráfico, terrorismo, problemas limítrofes, crimen organizado, tráfico de ilegales, etc.  

Editorial
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