En el final del comienzo

Hoy hace tres meses que ocurrió el descomunal ataque terrorista contra las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono de Washington D.C., que provocó una inmensa destrucción material y, lo peor, la pérdida de miles de vidas humanas. Para recordar este trágico acontecimiento, las autoridades norteamericanas efectuarán en todas partes del mundo —a la hora exacta en que ocurrió la tragedia: 6:46 minutos de la mañana, tiempo de Nicaragua—, un homenaje especial en memoria de todos los inocentes que murieron ese día, y para reafirmar la decisión de defender a cualquier precio la libertad de los estadounidenses y de las personas libres de todo el mundo, que es lo que pretenden destruir los terroristas.

Sin dudas que como consecuencia de los atentados del 11 de septiembre, Estados Unidos cambió de manera significativa y no sólo sus políticas internas sino también el enfoque de sus relaciones y estrategias internacionales. Así lo reconoció el Secretario de Estado Norteamericano, Colin Powell, a mediados de octubre pasado, en un artículo de opinión que fue publicado en periódicos de diversas partes del mundo: “Del pesar y la resolución que compartimos pueden surgir nuevas oportunidades, no sólo de derrotar el terrorismo sino también para trabajar con otras naciones en una variedad de asuntos importantes de interés mundial”.

En Nicaragua, por ejemplo, el impacto de la nueva política norteamericana fue mortal para las aspiraciones del FSLN de regresar al poder por medio de las elecciones. En realidad, los atentados del 11 de septiembre y la guerra contra el terrorismo que desencadenaron Estados Unidos y sus aliados, no pudieron ocurrir en peor momento para el FSLN, un partido que históricamente ha mantenido —y se niega a romper— relaciones solidarias y fraternales con países y organizaciones terroristas de diversas partes del mundo, y que de haber ganado las elecciones del 4 de noviembre pasado hubiera colocado al país en una delicada situación internacional. En cambio, su derrota electoral y el triunfo de Enrique Bolaños ha fortalecido la imagen de Nicaragua ante la comunidad democrática internacional, al conjurarse el peligro de que este país pudiera volver a servir como base de apoyo material y/o político al terrorismo internacional.

Por otro lado, es alentador que apenas tres meses después de los atentados terroristas del fatídico 11 de septiembre, la lucha mundial contra el terrorismo haya alcanzado ya la primera gran victoria estratégica, con el rápido derrocamiento del régimen de los talibanes, que no sólo arrebataron la libertad y atropellaron la dignidad humana de su propio pueblo, particularmente de sus mujeres, sino que también convirtieron a Afganistán en guarida de la peor banda terrorista del mundo, como es la de Al Qaeda y su demencial líder Ossama Bin Laden.

Ahora bien, el derrocamiento del régimen talibán y el establecimiento en Afganistán de un gobierno de transición democrática es tan sólo el final del comienzo de la lucha mundial contra el terrorismo. Sin embargo, la siguiente etapa habrá de ser una campaña no tanto militar como de persuasión a los gobiernos que de una u otra manera han apoyado o tolerado a los terroristas, para que les corten de manera radical y definitiva su apoyo directo o indirecto. Por ejemplo, que el gobierno de Arabia Saudita ponga fin al apoyo financiero a las “madrasas”, o sea las escuelas musulmanas de las que salieron los talibanes y en las que se preparan los terroristas suicidas de Al Qaeda, Hamas y Jihad Islámica.

En realidad, la lucha mundial contra el terrorismo es mucho más política, económica y diplomática que militar, sin perjuicio de la necesidad de atacar a fondo a otras bases terroristas como se ha hecho con las de Al Qaeda en Afganistán. Pero lo fundamental es que Estados Unidos renueve y fortalezca sus vínculos con organismos internacionales como la ONU, y que ayude efectivamente a fomentar el respeto a los derechos humanos, al ejercicio pleno de las libertades individuales, a la promoción del libre mercado, a la solución pacífica de las disputas internacionales, pues, como lo señaló el Secretario Powell en el artículo antes mencionado: “un mundo de democracia, oportunidad y estabilidad es un mundo en el que el terrorismo no puede prosperar”.  

Editorial
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