Doña Santos Carrasco acompañada de Inora Videa, mientras ofrece sus tamales en la Alcaldía de Somoto, en busca del sustento diario para alimentar a su familia.

Campesinas cargan con el desempleo sobre sus hombros

La falta de empleo, principal problema económico social de Somoto, azotado por las sequías, afecta más a las mujeres, en su mayoría cabezas de familia y con grandes responsabilidades en el hogar. La Alcaldía y ciudades hermanas europeas, priorizan a las campesinas en sus proyectos de atención al campo y capacitaciones Martha Marina González/Corresponsal [email protected] […]

  • La falta de empleo, principal problema económico social de Somoto, azotado por las sequías, afecta más a las mujeres, en su mayoría cabezas de familia y con grandes responsabilidades en el hogar. La Alcaldía y ciudades hermanas europeas, priorizan a las campesinas en sus proyectos de atención al campo y capacitaciones

Martha Marina González/Corresponsal [email protected]

ESTELI.- Hambre, pobreza y olvido por parte del gobierno central que hace caso omiso a las demandas urgentes de Somoto, son las principales quejas del campesinado de esta zona, quienes ponen su última esperanza en el próximo gobierno que asumirá en enero del 2002.

El Municipio de Somoto cuenta con 52 comunidades rurales, cuyos pequeños y medianos productores se dedican a la siembra de productos de consumo básico como frijoles, maíz y sorgo. A menor escala los agricultores cultivan el café, tabaco y hortalizas.

La sequía que provoca graves daños a las cosechas, es un elemento más que se une a la extrema pobreza de los habitantes de ese municipio y según Mauricio Cajina Canelo, alcalde en funciones de Somoto, las pérdidas de los granos básicos en la época de primera, se calculan en un 98 por ciento.

Las contundentes sequías son atribuidas a la tala indiscriminada de los bosques, las que provocan irregularidad del invierno y climas variados, baja productividad y extinción de la flora y fauna.

A fin de combatir la pobreza en las comunidades rurales, la Alcaldía Municipal, con financiamiento de ciudades hermanas europeas, ejecuta, desde 1997, proyectos de atención al campo con prioridad a las mujeres, quienes son las más afectadas por el desempleo y tienen mayores responsabilidades en el hogar.

PROYECTOS AGROPECUARIOS

“Son proyectos de microrriegos para el cultivo de hortalizas y frutales, así como el impulso de los Patios Productores, pretendemos que los productores adquieran motores y mangueras para que eleven el rendimiento de sus cosechas”, explicó Cajina.

Un proyecto de ganadería con fondos revolventes, es otro proyecto agropecuario que impulsa la Municipalidad donde están beneficiadas 45 familias, mujeres cabezas de familia quienes reciben capacitación sobre el manejo de ganado.

Facilitación de semillas para cultivos de granos básicos y la promoción de cultivos opcionales como las musáceas (plátanos y bananos), son otras labores que promueve la Alcaldía, así como la distribución de ‘cornos’ para la siembra de 13 hectáreas de plátanos, agregó.

MUJERES ORGANIZADAS POR SU BIENESTAR

Mauricio Cajina, alcalde en funciones de Somoto, manifestó que las mujeres campesinas se organizan en un colectivo para la producción de hortalizas como pipianes, zanahorias, repollos y chiltomas, en los patios comunales. La producción que obtienen de los patios, es para elevar la calidad de vida de las familias a través del autoconsumo y venta en el mercado municipal

VENDIENDO TAMALES PARA VIVIR

Originaria de la comunidad de Santa Teresa, Somoto, doña Santos Leoncia Carrasco Hernández, de 53 años de edad, prepara tamales de maíz tierno o de maíz pizque para ganarse el sustento diario, al igual que lo hacía su madre desde que ella tenía siete años, cuando aprendió el oficio.

Esta campesina es una de las tantas mujeres cabezas de familia que le hacen frente a la extrema pobreza que vive este municipio. Todos los días, desde las tres de la mañana, se levanta para preparar 100 tamales que debe entregar a los empleados de la Alcaldía, la Policía, los juzgados y otras oficinas, donde tiene su clientela, a quienes les entrega al crédito, de la misma forma como obtiene su materia prima.

Desde las 8:30 a.m. hasta pasado el mediodía, recorre las distintas oficinas cargando sobre su cabeza una pana llena de tamales. “A la gente le gustan mis tamales, les doy buen sabor para que me los compren, sólo así he podido sobrevivir junto a mi familia, es un esfuerzo propio”, comentó orgullosa.

Para Santos Carrasco, los 46 años que lleva haciendo y vendiendo tamales, es significado de sacrificio para su vida personal, así como deudas, preocupaciones, desvelos, y responsabilidad de la casa que ha recaído sobre ella, desde que su marido murió en la guerra de la década de los años 80.

Carrasco Hernández sale en compañía de Inora Videa, quien le ayuda en la elaboración y venta de los tamales, “es que somos una familia demasiado pobre, la vida está dura y no hay otra alternativa de trabajo, quisiera que me echen una manito para tener mis propios recursos y no estar todo el tiempo fiando los elotes, ya estoy un poco cansada y me gustaría dedicarme a otra labor”, confesó.  

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