Feliz el día en que yo te conocí,
fue para mí un placer incomparable,
al encontrar una joven tan amable,
pues no habrá otra que sea igual a ti.
De bondad, humildad y mansedumbre
nota Dios a la que tiene buen costumbre
se penetra en mi corazón
la cementa mirada de tus ojos
y convertidos en grandísimos antojos
que se brotan de grata inspiración.