Jorge Salaverry [email protected]
En 1979 leí por primera vez “camino a la servidumbre”, la magnífica obra del economista austriaco, Friedrich Hayek, en la que nos alerta contra la ilusión de la planificación central. Su lectura me impresionó profundamente. Veinte años después, en 1999, hice una segunda lectura. Debo decir que en esa ocasión, la obra de Hayek no sólo volvió a impresionarme, sino que me fascinó, y noté que, sin saberlo, me había vacunado —¡afortunadamente!—, contra el virus de la utopía. ¡Cuánta pena y sufrimiento pudo haberse evitado en Nicaragua si quienes lideraron la lucha contra la dictadura somocista, en vez de haber leído a Marx y a Lenin, hubiesen leído a Hayek!
Pero bueno, ya lo pasado, pasado es. Lo que no puedo evitar es recordar al famoso austriaco cada vez que leo algún documento en el que detecto el persistente espíritu utopista. Eso me pasó cuando leí la “Visión de Nación”, elaborada recientemente bajo la coordinación del CONPES y del CONADES. En mi columna del lunes 5 de noviembre recién pasado, comenté sobre la inutilidad de ese documento. El sábado siguiente, 10 de noviembre, dos de sus autores, el Dr. Ernesto Medina, rector de la UNAN-León, y el Dr. José Luis Velázquez, secretario ejecutivo del CONPES, criticaron mis puntos de vista en esta misma página.
Ambos defienden a capa y espada la Visión de Nación, que es como una carta a Santa Claus en la que se pide más educación, más salud, mejor alimentación, mejores ingresos, más democracia, menos pobreza, más cultura, un mejor ambiente, etcétera, etcétera, o sea, lo que cualquier ciudadano común y corriente desea para él y su familia, y sin necesidad de haber gastado, como hizo el CONPES y CONADES, una carretada de reales en “14 foros departamentales con alcaldes, concejales, candidatos a la Asamblea Nacional, ONGs, representantes de movimientos sociales y sectoriales de cada Departamento”, y sin necesidad de haber tenido “encuentros con periodistas, dueños de medios, intelectuales, la cooperación, las universidades, los movimientos de mujeres, indígenas y jóvenes, sindicatos y organizaciones empresariales, fuerzas armadas, iglesias, políticos, diplomáticos, organizaciones e iniciativas ciudadanas y ONG.” ¿Qué tal? Y eso sólo es el comienzo, porque ahora viene la elaboración de la “Agenda de Nación”… otra carretada de plata.
La Agenda de Nación está supuesta a decir “cómo” se materializará la Visión de Nación. Es el documento en el que se establecerán los mecanismos que “permitan alcanzar los objetivos planteados”, y se elaborará en un proceso de reuniones que empezará a nivel de barrios y comarcas, para después pasar a los Comités de Desarrollo Municipal que habrá en cada municipio. De ahí, los acuerdos municipales se elevarán a los Consejos Departamentales, que será la instancia “responsable de recoger los aportes, inquietudes, compromisos y demandas del Departamento…”, y por fin, todo eso llegará a la magna cúspide, la “instancia nacional de concertación [que] será la entidad responsable de articular la Agenda de Nación…” Y de ahí —esto lo digo yo— la Agenda de Nación irá a empolvarse al estante de una oscura biblioteca, como suele suceder con todos esos documentos que pretenden sustituir la competencia y la iniciativa individual.
Pero para el Dr. Medina, si nuestro país no tiene un proyecto como la Agenda de Nación, “que motive y una a los más amplios sectores de la sociedad, [Nicaragua] es un país inviable en el actual contexto mundial”. Ésta es una frase apocalíptica que, a mi juicio, no tiene ninguna validez. ¿Qué quiere decir motivar y unir a los más amplios sectores de la sociedad? Y todavía más ¿cómo cree que puede un documento de Agenda de Nación lograr ese propósito?
En el pensamiento del Dr. Medina, como en el del Dr. Velázquez, predomina la fantasía utópico-dirigista, en la que basta con poner en marcha un proceso de concertación social para elaborar y “articular planes y estrategias debidamente estructurados… con responsabilidades claras para el Estado y la sociedad, para las organizaciones y las personas”.
Estoy de acuerdo con el Dr. Medina en que “El verdadero reto de Nicaragua es incorporar al mundo moderno a una amplia mayoría de la población que ha quedado marginada y relegada”. Discrepo de él, sin embargo, en cómo lograr eso. Yo creo que el camino para lograrlo es la libertad; el Dr. Medina y el Dr. Velázquez creen que el dirigismo burocrático es el camino adecuado, aunque, a decir verdad, el Dr. Velázquez reconoce que la Visión de Nación no es más que “un ejercicio onírico, un sueño…”
El autor es miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA y catedrático de la Universidad Thomas More.