- Unos 3 millones de hondureños
elegirán un nuevo presidente entre dos candidatos de derecha - Combate a la pobreza, a la delincuencia y el origen de los candidatos dominaron la campaña
AFP,EFE
TEGUCIGALPA.- Los hondureños acudirán el domingo a las urnas para elegir un nuevo presidente entre los candidatos de los tradicionales Partido Nacional (PN, conservador, en la oposición), Ricardo Maduro, favorito en las encuestas, y Partido Liberal (PL, en el poder), Rafael Pineda, ambos de derecha.
Más de 3.4 millones de electores están llamados a presentarse en alguno de los 5,303 centros electorales para designar también a tres vicepresidentes, 128 diputados, 20 representantes al Parlamento Centroamericano (Parlacen) y 298 corporaciones municipales.
Cinco candidatos buscan la silla presidencial, pero sólo Maduro, empresario de 55 años, y Pineda, de 70, actual presidente del Congreso, tienen opciones reales de llegar al poder en sustitución del gobernante liberal Carlos Flores, para un período de cuatro años a partir de próximo 27 de enero.
Éstas serán las sextas elecciones presidenciales que celebran los hondureños desde que los militares entregaron al poder a los civiles en 1982, tras gobernar durante casi dos décadas. De los cinco comicios anteriores, el PL ganó cuatro y el PN únicamente triunfó en 1989.
Las encuestas esta vez dan al PN una clara probabilidad de retorno al poder, pues su candidato figura como favorito 10 puntos arriba (45% contra 35%) del aspirante liberal, según el último estudio de la firma CID-Gallup.
Basando sus campañas en una plataforma populista, ambos candidatos prometieron sacar de la postración a Honduras, uno de los cuatro países más pobres de América Latina.
En su programa, Pineda, quien ejerció la docencia durante 30 años, dio prioridad a la educación, en un país con 40% de analfabetismo, y prometió convertir a “Honduras en una gran escuela” en la que sería “el director”.
En una campaña que despertó poco entusiasmo entre los hondureños, las pasiones sólo se desbordaron entre los políticos por cuestionamientos de la nacionalidad de ambos candidatos.
Maduro libró una dura lucha contra los liberales para lograr su inscripción, que le negaban por haber nacido en Panamá. Pero finalmente se le reconoció su nacionalidad hondureña por “derecho de sangre”, ya que su abuela materna nació en Honduras.
La nacionalidad de Pineda fue puesta en duda tras la denuncia de un abogado, que dijo tener pruebas de que nació en Guatemala, lo que fue desvirtuado por el candidato, hijo de madre guatemalteca.
Los partidos tradicionales libran también una férrea disputa por las alcaldías de la capital, Tegucigalpa, y San Pedro Sula (norte), segunda ciudad importante de Honduras.
En un país dominado por dos agrupaciones tradicionales, los partidos pequeños cifran sus esperanzas en el “voto cruzado” (votar independientemente en las tres papeletas) para obtener diputados y alcaldías que ayuden a equilibrar fuerzas.
Además de Maduro y Pineda, disputan la Presidencia, aunque sin ninguna opción, Olban Valladares del Partido Innovación y Unidad (PINU, socialdemócrata), Orlando Iriarte de la Democracia Cristiana (DC), y Matías Funes de Unificación Democrática (UD, izquierda).
LOS RETOS DEL NUEVO MILENIO
El nuevo presidente recibirá un país con una economía debilitada por la crisis de los precios del café, las secuelas de la devastación causada por el huracán Mitch en 1998, los efectos de las inundaciones y una prolongada sequía este año, y donde el 80% de sus 6.3 millones de habitantes vive en la pobreza.
La incontenible ola delictiva, manifestada en secuestros, asesinatos y guerras entre pandillas juveniles, marcó la campaña con promesas de los cinco candidatos, pero principalmente de Maduro, a quien secuestradores le asesinaron un hijo, en abril de 1997.
Maduro ha prometido “cero tolerancia” a la delincuencia, y aseguró que buscará reducir el Congreso de 128 diputados a 60, pues considera que el primer número es una carga excesiva para las finanzas públicas de un país tan pobre.