Los chicheros poseídos van bordeando,
al griterío electrizante de la gente,
reverberaciones que avanzan desbordadas,
en múltiples sones y fugaces colores.
Rodeando a Santiago Apóstol Estelar,
con su Bordón Patronal engalanado,
de brillantes cintas y rosas de papel,
los bailantes tristes con su indumentaria,
hienden la masa compacta de huipiles,
asombros, fuerzas y locuras verdes,
confunden ágiles sus banderas rojas y blancas,
los machetes plata y las negras culebras.
La ruta se marca con el humo acero,
Del estallido de las bombas y los cohetes,
Excitando el agitar continuo de la masa,
Mezcla extraña de sudores y promesas.
Los toros fuertes y bravos de los llanos,
siguen detrás, peligrosos, altivos y nerviosos,
resonando sus pezuñas martillos de luces,
y sus astas voraces de sangre, lodo y noche.
Los jinetes y sus caballos briosos,
Pifan y salivean los relucientes frenos,
Con relumbre y confusión de colas y monturas,
Centauros de cera, sombras y quiebraplatas.
Boaco, sin mar peor con faro