Ernesto Rivas S.
Se dice que con el resultado de las elecciones del pasado 4 de noviembre, los nicaragüenses estamos preservando la democracia. Esto es cierto sólo parcialmente. Dado que los pasados gobiernos, del FSLN, de doña Violeta y de Arnoldo Alemán no han sido enteramente democráticos por los muchos baches que se han creado en el camino, donde los abusos, los robos, la ambición personal se han sobrepuesto a la pureza y la justicia que la democracia necesita, si bien es cierto que ahora tenemos una nueva oportunidad, sólo podremos convertir ese sueño en realidad si hacemos que se cumpla de veras la voluntad popular expresada en los comicios.
El pueblo de Nicaragua ha puesto en las manos de Enrique Bolaños un mandato, y éste tiene que cumplirse, pero se hará difícil con la intromisión de uno que pronto será ex presidente, y que sin embargo pretende seguir mandando y haciendo su gusto, aunque eso signifique interrumpir el curso de la democracia que el pueblo ha demostrado respaldar.
Por eso es necesario hacer ver a los señores diputados a la Asamblea Nacional, que ocupando un escaño para servir a la voluntad de un hombre, resulta tener muy poca dignidad, y muy poco respeto al mandato del pueblo. Si resultaron electos porque Alemán les señaló con el dedo, su elección no fue sino el producto de las circunstancias. No es que ellos cuenten con la simpatía del electorado, pero sí están en la obligación de cumplir con la voluntad popular que ha expresado muy claramente su preferencia.
Los señores diputados deben realizar que el poder de Alemán se termina al entregar la banda presidencial. Que ya no estará en posición de repartir granjerías, ni puestos gubernamentales, pues será el nuevo Presidente quien tendrá esa autoridad. Los señores diputados, deben estimarse un poco, tener un poco de dignidad y cumplir con la responsabilidad que su posición conlleva y servir, como suponen servir, no a un ex presidente corrupto, sino a un gobierno nuevo en manos de un nuevo mandatario honesto.
No pueden —ni deben— pasar leyes que no sean para beneficio de todos los nicaragüenses. No deben ser corderos en manos de un pastor maligno, sino águilas defendiendo los derechos del pueblo, y la implementación de la justicia y la conservación de la libertad y del respeto a los derechos humanos.
Su misión debe ser constructiva. Si son los padres de la Patria ¿por qué van a ser los hijos del nefasto aspirante a dictador? La responsabilidad de la Asamblea Nacional es tan grande como la del Presidente de la República que tomará el poder el 10 de enero próximo.
Ambos deben responder a un solo amo: el pueblo que los eligió. Ambos deben responder a una sola meta, que es el bienestar de todos los nicaragüenses, y no prestarse a ser encubridores de quienes se han servido del poder para su propio beneficio y han incumplido su responsabilidad de servir.
Esa es la meta que se deben imponer los que manejan los hilos de las leyes y deben cumplir con los dictados de nuestra Carta Magna. Y entonces sí. Podremos decir que la democracia, cuyo fruto está ya maduro para cortarse, se pueda disfrutar por nuestro pueblo. ¡Así sea!
Periodista nicaragüense, reside en Miami