Edgard Rodríguez C./Enviado [email protected]
TAIWAN.- Con el fuerte vas a batallar, pero al débil no hay que dejarlo levantar cabeza. Eso exactamente ha hecho la Selección en sus últimos dos encuentros en este Mundial, que sin espacios a dudas, ha sido el más fuerte de la historia.
Aun cuando se detenga a reparar en tropas anecdóticas como Filipinas y Rusia, Sudáfrica o Francia, que han venido aquí a distraerse, hay otra dimensión, y es la formada por Cuba, Japón, China y EE.UU, entre los cuales saldrá el campeón.
Además, están Panamá, Australia, Dominicana, Nicaragua, Corea y Canadá, que aun cuando le pueden amargar la vida a los primeros, no tienen su estatura. Se trata como de un punto medio entre los trabucos y los que han venido de paseo.
Pero de entre esta última agrupación, Nicaragua es una de las tropas que luce lista para dar el zarpazo a los de arriba. Se trata de un equipo, como decimos, en su punto. Ajustado, mental, emocional y técnicamente. Y con sed de victoria.
Ciertamente como Julio Sánchez lo ha consignado, el equipo necesitaba de un estímulo para tomar el impulso y vencer a los gringos ha sido una bendición. El equipo se despojó de sus complejos y se ve listo para fajarse con cualquiera.
Y aun cuando todos sabemos que Corea no es un equipo cualquiera, existe un ambiente formidable en la antesala de este partido. Hay mucha fe en el triunfo y el momento psicológico no puede ser mejor. Se tiene la confianza del equipo.
En definitiva, derrotar a EE.UU. fue sensacional, pero imponerse del modo que se hizo ante Sudáfrica, tiene desde mi perspectiva, una alto significado. No se les tuvo piedad y se les ganó como debía ser, con claridad y contundencia.
¿Y saben qué?.. Corea pasó trabajo para derrotar 2-0 a ese conjunto. Incluso, los gringos les ganaron 5-0 en un partido trabajoso, mientras China se alzaba con un triunfo claro, 8-2, pero no tan convincente como el conseguido por nosotros.
Eso se logra cuando hay una mentalidad clara, cuando los objetivos están de lo más definidos y cuando realmente se ha asumido un compromiso con la afición, con sus familias, pero sobre todo con ellos mismos, pase lo que pase.