Elida Z. de Solórzano
Si el mundo está convulsionado, Nicaragua está doblemente revuelta porque además del clima mundial, tenemos nuestro microclima electoral con sus propios nubarrones.
Al final de la década de los ochenta, en aquel río revuelto, se pescó una piñata quinceañera (léase rosada) de robos masivos, de la cual todavía no nos hemos librado. También hubo otra piñata de flamantes ONG que promueven “derechos” dudosos de las mujeres y de la niñez. Estas ONG representan a pocas mujeres pero reciben mucho dinero para llevar a cabo una nueva forma de colonización: la ideológica. Estamos ante una revolución cultural nueva para la cual nadie nos ha pedido permiso y más bien se nos quiere ocultar el significado verdadero de una terminología que parece favorable sobre todo a la mujer.
Como es sabido, instrumento indispensable del éxito de las ideologías es el uso engañoso del lenguaje. Ahora se habla de “la igualdad de género” y “los derechos sexuales y reproductivos” para todos incluyendo la niñez y todo parece muy lógico y bueno.
Desgraciadamente, el gobierno que clausura ha querido quedar bien con Dios y con el Diablo. Aunque en las Conferencias de Naciones Unidas ha defendido activamente el derecho a la vida, nuestras leyes y la soberanía nacional, evitando términos como los tales “derechos sexuales” que incluyen todo tipo de aberraciones, incluyendo supuestos “matrimonios entre homosexuales”, aquí, en casa, vemos otra cosa. En semanas pasadas, por medio del Instituto Nicaragüense de la Mujer (INIM), órgano del Estado para coordinar acciones que deberían beneficiar a las mujeres y por medio del Plan Nacional de Población que ahora queda incluido dentro de la currícula escolar, se está llevando a acabo una agenda escondida nada democrática que incluye esa ideología del feminismo radical del género, precisamente con esa terminología.
El INIM ha convocado a escasos elementos para que participen en la elaboración de un “Plan Nacional para la Igualdad de Oportunidades”. Fuera del mismo gobierno, solamente han participado algunas de las ONG del feminismo radical. Este Plan es un “cocido” compuesto del “Enfoque” o “Perspectiva” del Género en las políticas públicas para un desarrollo en igualdad de oportunidades para hombres y mujeres. Suena muy bueno. El problema es que no es así como suena. La “igualdad de oportunidades” que promueve el INIM por medio de la cual recibirá amplia ayuda canadiense, no es una igualdad de derechos de hombres y mujeres que da lugar a la igualdad de oportunidades sino que es una igualdad absoluta entre hombres y mujeres.
Es difícil entender porque el propósito es que no entendamos, mientras se gana terreno en los medios de comunicación y lo académico. La igualdad de género que busca “el enfoque de género” se origina en la idea (no en la ciencia) que no existe absolutamente ninguna diferencia entre hombres y mujeres. Para lograr que eso sea así, dicen que con el sexo nacemos pero el género lo construye la sociedad. O sea el género no es natural. Yo no soy femenina porque nací mujer sino que soy femenina porque así me hizo la sociedad donde vivo. Quieren que creamos que entre hombres y mujeres sólo nos diferencian los genitales que nos tocaron en suerte al nacer. Pero la naturaleza no debe limitarnos a vivir una vida femenina o masculina. Podemos escoger hasta 6 géneros o más si logramos inventarlos. Y entonces, eso sí sería “igualdad de oportunidades” para hombres y mujeres porque daría lo mismo ser heterosexual que homosexual, bisexual o cualquier otra “orientación sexual” que se prefiera, ya sea con niños, con animales o cualquier otro invento perverso. Y esto es lo que está en juego con las frases “igualdad de géneros” y “derechos sexuales y reproductivos” que tanto el INIM como la Comisión Nacional de Población y el Ministerio de Educación y Cultura han puesto en sus Planes y Acciones mientras los nicaragüenses estamos distraídos en nuestro río revuelto del presente.
La autora es Socióloga