Carlos D’León Guevara
“Combatid en la senda de Dios, contra los que os hagan la guerra, pero no cometáis injusticia atacándolos primero, pues Dios no ama a los injustos”.
Esencialmente, en este texto se concentra la idea que se repetiría en todos los otros versículos sobre la guerra santa.
En el Sura XLVII se describe el paraíso que espera al que batalle contra los infieles: Jardines bañados por corrientes de agua… Arroyos de leche cuyo gusto no se alterará jamás, arroyos de vino, delicia de los que lo beban. Arroyos de miel pura, toda clase de frutos y el perdón de los pecados.
Conociendo las fanáticas creencias de que los muertos en una guerra santa (Jihad) alcanzan el paraíso, deberíamos estar preparados para lo peor, pero no ha sido así y los resultados están a la vista.
Los musulmanes en desacuerdo con la interpretación de los seguidores de Bin Laden el Jihad y su promesa de inmortalidad, sólo tiene validez cuando se trata de una guerra defensiva, no como en este caso donde la provocación proviene de un grupo extremista más alentado por el odio y la ambición que por los preceptos de fe del Corán, cuyos cinco pilares: Fe en Dios, Oración, Práctica de Caridad, Ayuno y Peregrinaje a la Meca distan mucho de incitar al bárbaro acto perpetrado el pasado martes 11 de septiembre.
Como cristiano que soy le doy gracias a Dios haberme permitido crecer en un pueblo cristiano, donde el amor es factor determinante, pero no debemos olvidar, ni evitar, que la “justicia” debe ser parte primordial de nuestra vida cristiana.