Rafael Antonio Duarte Espinoza
Acudo como un espectador a un circo al actual proceso de las elecciones en Nicaragua. No puedo más que aprobar o desaprobar los malabares y actos de magia que realizan los “políticos-circenses”. Me han llevado a la fuerza a contemplar una función donde la variedad está vedada.
Y el aburrimiento mata. El mismo mago que repite incansablemente el mismo truco o el payaso que repite incesantemente el mismo chiste, sin gusto ni gracia, y del cual sólo él logra reír.
Escucho por un lado una voz que clama la conversión y en un porte mesiánico ofrece la tierra prometida, debe dar gracias a Dios que los católicos no son tan fervientes defensores de su fe, tal como lo son los islámicos, de lo contrario ya se hubiera declarado la Yihad contra sus promesas.
Al otro lado de la arena del circo, se escucha a un pregonero que dice invertirá y trabajará. ¿Invertir qué?, no es su fortuna la que apuesta. ¿Trabajar? ¿acaso el callar no es hacerse partícipe de las atrocidades a las que se nos ha sometido en nombre de la democracia y la libertad?
Estamos al margen del proceso electoral, nos han forzado a ello. Pero… cuidado. Ya decía Darío: “hay mil cachorros sueltos…”. Podrán llevarme al circo y hacer que me siente en una butaca fría y dura, pero aún tengo la libertad de callar y mi silencio será mi mejor protesta.