Una ambulancia, por favor…

Alberto Suhr Hace poco estando de visita en Granada, el esposo de mi amiga sufrió cierto tipo de ataque. Algo que ver con el corazón. Ella no habla bien el español, y me pidió telefoneara por una ambulancia. Llamé a la Cruz Roja. Me contestaron que no tenían combustible, que si les podía pagar la […]

Alberto Suhr

Hace poco estando de visita en Granada, el esposo de mi amiga sufrió cierto tipo de ataque. Algo que ver con el corazón. Ella no habla bien el español, y me pidió telefoneara por una ambulancia. Llamé a la Cruz Roja. Me contestaron que no tenían combustible, que si les podía pagar la gasolina y que les diera el número de teléfono de donde llamaba, para devolverme la llamada y constatar que no era una llamada en broma.

Como no llamaban, volví a llamar a los dos o tres minutos. Me contestaron que el teléfono lo tenían con llave y que andaban buscando al que tenía la llave. Previendo más atrasos, llamé al Cuerpo de Bomberos, también me preguntaron que si podía pagarles el combustible; les confirmé que sí; y me dijeron que volverían a llamar.

Devolvieron la llamada después de dos llamadas más mías. Entretanto, ya había pasado media hora, mi amiga estaba frenética con el problema de su esposo; no sabíamos si montarlo en mi carro o no.

En fin llegó la ambulancia; la de los bomberos. Antes de bajar la camilla, pidieron lo del combustible; eran sólo C$40, le dimos cien pesos. La ambulancia de la Cruz Roja nunca llegó.

Me pregunto: ¿Qué pasa con los que se enferman y no pueden pagar el combustible de la ambulancia?.  

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