¿Por qué tememos invertir en Nicaragua?

Michael J. Bolaños Davis Considero importante que promuevan artículos y reportajes que profundicen investigaciones sobre la noticia. No es correcto que se informe superficialmente pretendiendo cumplir con el derecho a informar proyectando una percepción distinta de la verdad, por no haber investigado lo suficiente al respecto. Cuando se presentan los temores de la población por […]

Michael J. Bolaños Davis

Considero importante que promuevan artículos y reportajes que profundicen investigaciones sobre la noticia. No es correcto que se informe superficialmente pretendiendo cumplir con el derecho a informar proyectando una percepción distinta de la verdad, por no haber investigado lo suficiente al respecto.

Cuando se presentan los temores de la población por el posible resultado de las próximas elecciones nacionales, sin establecer que dicho temor es por la posible elección de Daniel Ortega, engañan al lector. Las inversiones privadas están paralizadas por ese temor, lo cual indica que una victoria electoral de Ortega eliminaría cualquier posibilidad de inversión en Nicaragua. De no ser así, no habría temor en el inversionista privado.

Ortega se empeña en presentarse como distinto al que ha sido porque él mismo reconoce que ha sido malo para Nicaragua. Lo mismo se puede decir de los demás candidatos del Frente. Si el 5 de noviembre amanece ganador Ortega, no habrá cupo en las líneas aéreas para nuestros conciudadanos que querrán ir a pasar las navidades fuera y prolongar su permanencia donde sea.

Es un asunto de sentido común. Daniel tuvo once años de oportunidad y mostró ser opresor en contra del bienestar de Nicaragua. Durante la presidencia de doña Violeta impuso muchas condiciones que le permitieron reconstruir al Frente. Expulsó a sandinistas que osaron presentar argumentos distintos a sus comandos, y no permite espacios para el desarrollo individual en las filas del Frente. Puede repetirse en un espejo que ha cambiado cuantas veces lo desee, pero sólo los irracionales pueden creerle. Los posibles inversionistas, definitivamente, no le creen.

Qué infortunio el nuestro, que por tercera vez seguida, desde que el pueblo derrotó cívicamente al Frente, tenemos que elegir con el temor de que salga electo un probado dictador. La historia está llena de genocidas y dictadores que tienen simpatizantes, en casos muy populares, pero siempre malos para la humanidad y sus propios pueblos.

Dios ha sido complaciente con Nicaragua, y tampoco esta vez permitirá que suba al poder el candidato del Frente. Nicaragua será una vez más racional a la hora de definir su futuro, y muchos que hoy dicen apoyar a Ortega se retractarán, y votarán distinto por el bienestar de sus hijos y del país.  

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