Edgard Rodríguez C. [email protected]
Jimmy González ya no es aquel compendio de imprecisiones en el jardín izquierdo. Ahora es un destacado segunda base que aparte de saber ubicarse en el sitio correcto, atrapa lo que se mueve, y sus manos lucen más agresivas mientras golpea la pelota.
Yáder Hodgson se desplaza y juega como una estrella. Es el jugador más elegante para ver, y sus cifras están a la altura de su estampa. Se trata de un jardinero en plena madurez. Atrás quedó el chavalo que intentaba ser antesalista o quizá segunda base.
Edgard López es el mejor jugador que tenemos a mano. Su juego no tiene huecos. Es completo y cada día impacta más. A veces pensamos que no será capaz de una mejor jugada en el shortsop, pero regresa con otra todavía más espectacular.
Pero, ¿qué tienen en común estos jugadores?.. Bueno, son jóvenes y tienen afán de superarse. Sin embargo, quizá lo que más los identifica, es que en un momento se les consideró prospectos y se les firmó para el béisbol profesional. Y mejor aún, aprendieron.
Hoy están convertidos en la columna vertebral del equipo que Nicaragua llevará a China. Son piezas claves desde todas las dimensiones del juego. Batean, corren y fildean, aparte de que dominan la técnica y saben qué hacer en cualquier circunstancia.
Pero aparte de disponer del llamativo talento que Dios les dio, los tres han trabajado duro para cultivarlo. Y su paso, aunque no propiamente exitoso por el profesionalismo, les ha permitido dominar el juego y su técnica.
Es común escuchar que nuestros peloteros no deberían firmar porque pronto vienen de regreso. Jimmy, Hodgson y López están demostrando que no regresan con las manos vacías. Regresan evolucionados.
Los he citado a ellos porque están en la Selección y son tema del momento. Sin embargo, todos hemos visto cambios en Jairo Pineda, quien antes ni siquiera daba strikes. Oswaldo Mairena es un pitcher consumado, y, Gonzalo López, una esperanza.
Firmar para el profesionalismo es un riesgo, pero vale la pena correrlo, más ahora que no significa cerrarse las puertas a nivel local. Además, un bono puede cambiar la vida a una familia y a la vez, eleva el nivel técnico de nuestro béisbol.