Un Mundial para la Historia

Tito Rondó[email protected] Varias personas me piden que reviva el Campeonato Mundial de 1972, para muchos el mejor recuerdo beisbolístico de sus vidas. Normalmente cuando escribo notas históricas me apego a los hechos. Pero en esta columna del Suplemento recuerdo mis vivencias, y eso es lo que haré en esta ocasión, utilizando las fuentes de consulta […]

Tito Rondó[email protected]

Varias personas me piden que reviva el Campeonato Mundial de 1972, para muchos el mejor recuerdo beisbolístico de sus vidas.

Normalmente cuando escribo notas históricas me apego a los hechos. Pero en esta columna del Suplemento recuerdo mis vivencias, y eso es lo que haré en esta ocasión, utilizando las fuentes de consulta únicamente para no cometer errores crasos.

Por supuesto que ese torneo es uno de mis más gratos recuerdos, ya que debuté como cronista deportivo pagado (gratis ya había trabajado). Además, fui parte de su organización. Quizás lo más importante es que estaba joven, y por lo tanto vivía la vida más intensamente.

Tiene mucho que ver el hecho que Nicaragua vivía una época de relativa paz, y todos los políticos con ánimo patriótico respaldaron el proyecto. No habíamos llegado todavía al extremo de dañar al país para hacer lucir bien a un partido.

Para mí el Mundial del 72 empezó en octubre de 1971, cuando recibí, para sorpresa mía, un telegrama de parte del Comité Organizador nombrándome como integrante de dicho comité.

Resulta que unos amigos le habían contado a Carlos García que a mí me gustaba mucho el beis, y que sabía mucho sobre este deporte. Ni corto ni perezoso el presidente del Comité Organizador me incorporó a la Comisión Técnica.

Había varias comisiones, y para cada una Carlos nombró a unas veinte personas, lo que probó ser sabio, pues la mayoría no tenía tiempo libre que dedicarle al Mundial, y muchos de los que lo tenía lo que querían era figurar y no trabajar. En total sólo entre dos y cinco personas funcionaron en cada comisión.

A principios de 1972 nos citaron a todos (entre 200 y 300 personas) a una reunión donde habló Carlos García y donde hubo mucho entusiasmo, por lo menos para empezar. Quedaron montadas las comisiones.

Por su puesto Carlos, siendo como es, participaba en todas ellas. Si alguna cosa no marchaba a su satisfacción entonces hacía alguna “sugerencia”, y todo quedaba arreglado.

Por esa época yo enseñaba inglés, y a principios de 1972 recibí el carné que me permitía entrar gratis al estadio. Después de las clases me iba al juego, llegando entre el primero y segundo innings. Fue hasta 1973 que empezó el beis a como lo tenemos hoy en día, con juegos nocturnos en varias ciudades entre semana; en ese tiempo el único estadio que tenía luces era el de Managua, y no muy brillantes que digamos.

Así que el “Coloso de Concreto” era una caverna oscura, y en los palcos cada emisora ponía una mesita e instalaba sus equipos para transmitir. Menos una, que usaba dos “burros” de carpintería con una tabla encima; creo que esa era la radio donde narraba Rafael “El Dinámico” Rubí, quien se instalaba con una botella de ron. Le quedaban semanas de vida…  

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