- Después de permanecer varios años en Nicaragua y de adoptar la vía armada, el sacerdote James Frances Carney, más conocido como padre Guadalupe, se incorporó como capellán a la columna guerrillera que fue aniquilada en Honduras
Moisés Martínez [email protected]
El padre Joseph Mulligan, sacerdote jesuita, ha dedicado los últimos seis años a culminar una difícil tarea, la de dar con los restos de su amigo y colega de la Compañía de Jesús, el padre James Frances Carney, más conocido como “padre Guadalupe”.
El padre Guadalupe, originario de Chicago, Illinois, se incorporó en 1983 a una columna o compañía guerrillera, luego de renunciar a la Compañía de Jesús, al sustituir la Biblia por la metralla y escoger la lucha armada como forma de cambios sociales.
Sin embargo, el intento guerrillero fracasó, no gozó del apoyo hondureño y fue virtualmente aniquilado. Algunos de sus integrantes, incluso, entre los que podría estar el padre Guadalupe, fueron asesinados a sangre fría por los oficiales hondureños.
El padre Mulligan, tras 18 años de los sucesos y seis años de batallar públicamente en Honduras y Estados Unidos, mantiene un 50 por ciento de esperanzas de encontrar los restos del padre Guadalupe y regresárselos a sus familiares.
¿Cómo conoció al padre Guadalupe?
“Yo hablé con él en dos ocasiones en Detroit, cuando yo vivía en esa ciudad y él fue a visitar a su familia, de la que soy muy amigo, y ellos me lo presentaron. La segunda vez que lo vi fue para el entierro de su mamá. En ambas ocasiones platicamos por mucho tiempo sobre sus ideales y principios, pero nunca lo pude ver cuando estuvo en Nicaragua.
“El había trabajado 18 años en Honduras como jesuita, pero aquí en Nicaragua, antes de entrar como capellán de una columna revolucionaria, él firmó los papeles y salió así oficialmente de la Compañía de Jesús, aunque después pensaba solicitar su reintegración”.
¿Cómo se llamaba el grupo al cual pertenecía?
“Partido Revolucionario de Trabajadores Centroamericanos de Honduras (PRTH), pero en Honduras él ya había trabajado en una labor social con los campesinos hondureños. Fue muy querido y respetado por la gente, se dedicó mucho a los pobres, especialmente los campesinos, a los que ayudó a organizarse. También trabajó en la formación de grupos de Derechos Humanos. Fue expulsado dos veces de Honduras, la primera vez en 1977 y la definitiva en 1979”.
¿Cuál era la labor del padre Guadalupe en Nicaragua?
“Estuvo en Nicaragua desde 1979 hasta el 1983 que fue cuando ingresó a la columna que entró a Honduras. Fue párroco en San Juan de Limay, durante un año, creo. También vivió en Ocotal y en Managua, que fue donde escribió su autobiografía que salió en inglés y en español. Aquí él plasma sus reflexiones, su historia y experiencias”.
¿Por qué tomó las armas?
“Tomó la opción de apoyar o acompañar a un grupo revolucionario por sus propias experiencias en Honduras, como la del año 75, cuando hubo una masacre horrible en ese país, en una zona llamadas Los Horcones. En una finca de esa zona dos sacerdotes, un colombiano y un norteamericano, fueron asesinados con 14 personas más. Ellos no estaban haciendo nada violento o ilegal, sólo acompañaban a una marcha de campesinos por la Reforma Agraria, pero un terrateniente compró o alquiló a un grupo de militares… los mataron y luego los echaron en un pozo. Cosas así cierran la posibilidad de la vía democrática o cívica”.
¿Esa masacre marcó mucho al padre Guadalupe?
“Sí, él ya estaba en Honduras y eso fue horrible… para él y para todos”.
¿Compartía usted su forma de pensar?
“Yo no había vivido en América Latina, sólo había visitado algunos países como Chile. Él podía entender su punto de vista, cosas como que el sistema no estaba funcionando para el bien de las mayorías, pero yo no tenía conocimiento de esa falta de posibilidades en América Latina. Después me di cuenta de su expulsión de Honduras y él no estaba haciendo nada fuera de la ley, pero sí estaba ayudando en la organización de campesinos y la fundación de grupos de Derechos Humanos”.
¿Cómo ha sido su lucha para que se aclare la muerte y se sepa el lugar en donde están los restos del padre Guadalupe?
“Hace como cinco o seis años empecé a dedicar gran parte de mi tiempo a esta cuestión, cuando el Dr. Leo Balladares, Comisionado Nacional de Derechos Humanos de Honduras, solicitó en 1995 al Gobierno de Estados Unidos la desclasificación de documentos de la CIA, del Ejército o del Departamento de Estado para esclarecer algunos casos de los desaparecidos, incluyendo el caso del padre Guadalupe.
“Yo empecé a apoyar estas gestiones con mi gobierno, ya que todavía soy ciudadano norteamericano. Cuando empezaron a salir los documentos, que una parte de éstos fue publicado por LA PRENSA, se abrió otro capítulo de esta historia, porque queda claro que el Gobierno de Estados Unidos tiene mucha información, pero está tachando la mitad del documento, principalmente en partes muy cruciales; por ejemplo, el documento dice —y La PRENSA cita eso— que Reyes Matta y otros fueron capturados y ejecutados por… y en esa parte tachan los nombres de los asesinos hondureños.
“Esa información es esencial para que se haga justicia, entonces he tratado de presionar por medio del Congreso y cartas al presidente Clinton pidiendo que desclasifiquen estas informaciones”.
¿Ustedes tienen algún contacto directo con lo que está sucediendo en El Aguacate?
“Tenemos allí a una antropóloga forense que está representándonos en las exhumaciones, si encuentran algo que puede ser del padre Guadalupe, de David Báez Cruz o de otros de ese grupo, pues yo me iría rápidamente a ver qué hay, porque eso es lo que estamos buscando como prioridad, los restos del padre Guadalupe”.
¿Tiene esperanzas de que los restos del padre Guadalupe se encuentren en El Aguacate?
“Tal vez en un 50 por ciento… ¡es que hay tantas versiones! Incluso yo pienso que si los militares hondureños querían desaparecerlo, lo hubieran hecho con más eficacia que meterlo en un hoyo en El Aguacate. Algunos creen que los restos se encuentran allí, es posible, no tengo ninguna certeza, pero se piensa que fue enviado a El Aguacate y allí fue torturado e interrogado, pero si fue enterrado, no sé”.
¿Cuál cree que fue la causa de la muerte del padre Guadalupe?
“No lo podemos saber con certeza, los militares hondureños dijeron el 19 septiembre de 1983 que acabaron con el grupo, que habían matado a Reyes Matta, y presentaron unas fotos. Del padre Guadalupe dijeron que no sabían, que tal vez había muerto de hambre en la selva. Yo creo que hay más, ya que si hubiera muerto de hambre, ¿cuál era el problema de los militares hondureños de traer el cadáver para mostrar que no lo mataron o torturaron?
“Yo creo más en la versión de desertores hondureños, quienes dijeron que fue capturado y torturado. Algunos dicen que fue llevado a El Aguacate y fue asesinado, como es el caso de Florencio Caballero, desertor hondureño que murió hace dos o tres años. Dijo (Florencio Caballero) en una entrevista en 1988 al New York Times, que él interrogó al padre Guadalupe, pero no que lo torturó.
“Después cambio su versión, diciendo que no tuvo contacto con el padre Guadalupe, que supo de él por militares hondureños que lo torturaron, y luego fue llevado en un helicóptero, como insinuando que lo arrojaron del helicóptero, pero esto no lo confirmó”.
¿Qué representa el padre Guadalupe para la Compañía de Jesús?
“La Compañía me apoya totalmente en su búsqueda, ya que representa a un jesuita bueno, fiel a su trabajo pastoral, a su amor al pueblo pobre y a su lucha por la justicia.
“Ahora, su opción por acompañar una fuerza armada, eso no fue compartido por todos, y por eso salió de la Compañía en 1983, que fue cuando entró en Honduras, pero en su libro él expresa su interés por regresar a la Compañía de Jesús. Incluso, muy pocos en la Compañía de Jesús piensan que eso fue algo malo o injustificado. Todos reconocen la opción de la vía armada como una posibilidad en algunas circunstancias.
“Incluso en Nicaragua, como seis semanas antes del triunfo de la Revolución en el 79, los obispos expresaron la doctrina tradicional de la Iglesia Católica, que dice que en algunas situaciones se puede justificar el uso de la fuerza”.
Entonces, ¿cree que fue la mejor decisión del Padre enarbolar la lucha armada?
“Ellos eran 96 personas, una pequeña columna que entró a Honduras y encontró muchos problemas en la selva, además, que no había mucho apoyo para ellos. No sé, yo creo que no era el momento, aparte de otras consideraciones morales, pero ellos sabían de las dificultades al entrar allí. Ellos esperaban que sus actos iniciaran una especie de movimiento en Honduras, ya que había empezado un proceso de democratización en el cual iban a pasar el poder de los militares a los civiles, pero eso estaba empezando.
“Tal vez ellos no tenían mucha confianza en el proceso, y como decía, el hecho de que fue expulsado de Honduras y las masacres como la de Los Horcones, y las desapariciones en esos años entre 81 y 83. Eso como que le indicó que se estaban cerrando los caminos pacíficos.
“Algunos jesuitas no compartían la decisión del padre Guadalupe, pero lo respetaban como persona y sacerdote jesuita. Los jesuitas tenemos como misión la profesión de la fe, de la justicia. De alguna manera, en la formación de valores cristianos se enseña una especie de cambio social. Poner sus talentos al servicio del pueblo”.
SOBRE LA LUCHA ARMADA
– El padre Guadalupe escribió un libro titulado “Metamorfosis de un Revolucionario: Memorias de un sacerdote en Honduras”, en el cual describe las razones que lo llevan a tomar las armas.
– “Me convencí de que sólo hay un camino para hacer en un país dependiente una verdadera revolución de liberación del capitalismo e imperialismo: La lucha armada”, dice en la página 162 del texto.
– “Todavía me quedaban dudas de cómo compaginar este hecho con el cristianismo. Pero por otro lado, ya estaba más que claro que esta liberación es posible, de la lucha armada de un pueblo en contra de sus opresores y sus Fuerzas Armadas para tomar el poder”, señala.
– “Cristo prefería la no violencia, ganar al enemigo por amor. Pero también la Iglesia nos ha enseñado que uno puede usar la violencia en defensa propia, si es necesario. Hasta enseña que hay guerras justas en las que un cristiano bien puede pelear”, destaca en el texto.