- Parientes no especifican monto de rescate
- Feligreses dan gracias a Dios por su liberación
Diego Méndez (AP)
EL SALVADOR.- El sacerdote Rogelio Esquivel que fue secuestrado hace dos semanas por desconocidos, fue liberado ayer en la región oeste salvadoreña tras el pago del rescate. Esquivel, de 60 años, fue liberado a las 2:30 a.m. en una gasolinera cercana a la ciudad de Santa Ana, al noroeste de San Salvador, dijo a la AP Carlos Torres, vocero de la familia.
“Lo vi y el padre se encuentra bien de salud”, agregó Torres al asistir a una multitudinaria misa de agradecimiento en la Iglesia Inmaculada Concepción de Santa Tecla, en la periferia oeste de la capital, donde Esquivel fue secuestrado por tres sujetos armados el pasado doce de agosto.
PETICIONES DE LOS SECUESTRADORES
Roberto Parker, familiar del sacerdote, dijo brevemente a los periodistas que se pagó por el rescate del sacerdote, pero no detalló la cantidad y sobre las negociaciones. “El padre cuando ya estaba liberado llamó a alguien de la familia y fuimos por él”, señaló Parker. Según la prensa local, los secuestradores pedían las donaciones para la reconstrucción de la Iglesia y parroquia, destruidas por los terremotos de enero y febrero.
Las donaciones permitieron la construcción de una parte de la Iglesia y la parroquia, según Torres.
Esquivel, que entre 1977 y 1984 trabajó en la Arquidiócesis de Miami, colaboraba, además, en proyectos de evangelización en iglesias de Pereira y Manizales en Colombia.
Una multitud de feligreses se abarrotaron en la sede de la Iglesia Inmaculada Concepción para asistir a una misa, como una muestra de gratitud por la liberación del sacerdote. “Tenemos mucha alegría entre todos nosotros y sabíamos que Dios nos respondería pronto”, dijo a periodistas el padre Luis Ramírez, quien ofició la misa.
María Cruz, de 74 años, dijo a la AP que la liberación de Esquivel “es una emoción tan grande y un claro ejemplo que Dios siempre está con nosotros y siempre nos escucha”.
La mujer, con su cabeza cubierta por un velo negro, dijo que tras el secuestro había asistido a más de cinco vigilias y desfiles de protestas por distintas calles de la localidad de Santa Tecla. “No me canso de darle gracias a Dios, porque sólo Él podía tocar los corazones de los secuestradores”, agregó.