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NUEVA YORK, EE.UU.- A pesar de sus defectos, la Unión Soviética era un faro para los pueblos africanos, asiáticos y latinoamericanos que luchaban contra los vestigios del colonialismo.
Los jóvenes más brillantes de una generación estudiaban en la Universidad Patricio Lumumba de Moscú o leían a Marx y Mao a la luz de una vela en las selvas.
Los soviéticos se adelantaron en la carrera espacial al lanzar el Sputnik en 1957. Occidente hablaba de “contención” y luego de “distensión”. A lo sumo se podía pensar en contener el avance del imperio soviético, pero no hacerlo retroceder.
El líder soviético Leonid Brezhnev construyó el aparato militar soviético a expensas de industrias capaces de mejorar el nivel de vida. La economía planificada era inflexible. Los matemáticos soviéticos podían diseñar los mejores chips de computadora del mundo, pero no había fábricas para hacerlos. No figuraban en el plan quinquenal.
El cinismo desplazó la ideología marxista. La generación de comunistas nacida en los años 10 y 20 derrotó a Hitler; sus hijos ingresaron al Partido Comunista para obtener buenos trabajos y viajes a Occidente.
Con una economía incapaz de ofrecer bienes de consumo básicos, el sistema dependía de las vinculaciones. Un pariente en el partido podía conseguir carne, la cual se podía trocar por leche o ropa.
El fracaso de sus economías alentó a los líderes comunistas a iniciar el comercio con Occidente. Con los productos llegaron la influencia y las ideas, no siempre favorables al sistema.
¿CUAN INFLUYENTE FUE EL PAPA?
Los historiadores discutirán por mucho tiempo la verdadera influencia del Papa en la disolución del bloque comunista. Un año después de la visita, Lech Walesa y sus camaradas de los astilleros se declararon en huelga para reclamar el fin de la censura, el derecho de organizar sindicatos propios y la libertad para viajar al exterior. En agosto de 1980, nació el primer sindicato no comunista del bloque soviético: Solidaridad.
El gobierno concedió esos reclamos, y aunque los retiró en diciembre de 1981 e impuso la ley marcial, no pudo reprimir los ideales. Para mediados de los años 80, un político reformista llamado Mijail Gorbachov gobernaba la Unión Soviética y esperaba convertirla en un sistema más flexible y abierto.
Pero el ritmo impuesto por Gorbachov fue superado por los acontecimientos. Polonia en primer lugar, y luego otros satélites empezaron a separarse, seguidos por las mismas repúblicas soviéticas.
En 1991, en un último intento por revertir la historia, los comunistas acérrimos intentaron dar un golpe en Moscú. Su fracaso fue el último suspiro del comunismo soviético.
Fue el fin de una era: del holocausto nuclear al calentamiento global; de la lucha de clases al genoma humano; del glasnost a la globalización. Dennis Tito, un capitalista norteamericano, paga su pasaje para viajar al espacio… en un cohete ruso.
La democracia se ha extendido a alrededor de dos tercios del mundo, aunque en muchos casos de manera imperfecta. Los viejos comunistas búlgaros y rumanos claman por ingresar a la OTAN.
Los jóvenes hacen manifestaciones, no contra los cohetes norteamericanos sino contra las empresas multinacionales y las globalizaciones. Se organizan por medio de la Internet, un símbolo más de ese mundo que pocos podían imaginar hace dos décadas en ese prado de Polonia donde celebró misa el Papa Juan Pablo II.