No sé porque estos rápidos vientos
se traen mi niñez de aquella loma donde quise dejarla
sepultada
en donde yo jugué por tanto tiempo.
desde allí divisaba las calles de mi barrio,
las casas miserables
clandestinas entre las ramas
fue allí donde contraje esta enfermedad de viento que
me apagaque se quedó a vivir en la alcoba de mi alma
y cuando sopla el aliento de diciembre en sus ventanas
se escapa en forma de suspiros y me devuelve a donde
está enterrada.
Cómo pude creer que te dejé entre otras tumbas sepultada
si la única tumba que hace de mi pecho un cementerio
son los primeros besos puberales que dejé para siempre
prendidos en tu cara.
Quisiera regresar para crecer sin vos
y recordarme sólo; sólo sobre las casas
pero apagarme igual,
en los rápidos del viento
porque no te bese, ni te hice la mujer de mi vida más
amada.