Edgard Rodríguez C. [email protected]
Aún con la presencia de Henry Roa por un lado y Edgard López al otro, el protagonismo de Luis Pestana salta fácilmente a la vista desde las paradas cortas del infield de los Leones.
Se mueve con agilidad e inteligencia. Siempre está ubicado en el lugar más apropiado y maneja con precisión el sentido del anticipo. Sin disponer de un cañón, tira con control y a menudo a tiempo.
No tiene la plasticidad de López o la fortaleza de Henry, pero Luis parece el eje que articula ese infield. Su liderazgo e influencia se perciben al instante y posee el carácter de un ganador.
Sin embargo, en la Preselección Nacional de béisbol, aún sin llegar a ser eclipsado, por un mayor número de adversarios competentes, Pestana no lograr mostrar la misma intensidad.
Y no es que Pestana baje el gas. Al contrario, su entusiasmo impacta si se considera su edad (36 años) y nacionalidad original (cubano). El problema es que el nivel de los rivales es elevado.
No obstante, lejos de disminuirse anímicamente, Pestana está fajado y no tiene planes de bajar los brazos. Y aún cuando no llegara a hacer el equipo, está brindado una cátedra con su espíritu.
Cada día que pasa, Luis parece disponer de menos futuro en el equipo. Sin embargo, continúa aferrado a una esperanza que ha cultivado con esmero y que pretende materializar ante el asombro de todos.
Los jugadores veteranos suplen sus carencias físicas con su experiencia y conocimientos. Así lo hace Pestana. Pero lo más admirable es la frescura que proyecta mientras trata de edificar su sueño.
Su gran ilusión era insertarse en el equipo nacional de Cuba, pero aquel exigente contexto le privó de esa oportunidad. Ahora, con unos años encima y su instrumental un poco menguado, intenta conseguirlo aquí.
Ayer nos decía que sería un orgullo poder integrar el equipo que irá a China. Eso es muy aleccionador, en una época en la que algunos peloteros nacidos aquí, miran con indiferencia hacia la Selección Nacional.
Estoy entre los escépticos respecto al futuro de Luis. Pero también he sido testigo de lo que son capaces de hacer la mentalización y el deseo. Y por lo visto, Pestana parece situado en esa perspectiva.