- Trece nicaragüenses con más de cien años, entre ellos doña Carmen con 119
Consuelo Sandoval [email protected]
Trece ancianitos con más de cien años de vida aglutinados en el “Club de Centenarios”, asistieron a la homilía que ofició el cardenal Miguel Obando y Bravo y posteriormente departieron un suculento almuerzo junto a sus tutores y directivos de la asociación civil, durante la celebración de su segundo encuentro nacional realizado ayer en Managua.
Concluida la misa dominical, el cardenal Obando se acercó a los viejitos y procedió a bendecirlos.
ALEGRANDO SU VEJEZ
Luego, fueron trasladados a un restaurante, donde almorzaron y participaron de una alegre piñata. Previamente, la ancianita Carmen Lechado –que asegura tener 119 años–, originaria de Corinto y la mayor de todos sus compañeros, recibió como regalo un televisor a colores. Doña Carmen fue recientemente entrevistada por el famoso animador de televisión Don Francisco, que quiso conocer a la persona más vieja del país.
Carlos Valle, presidente del “Club de Centenarios”, explicó que la fundación del organismo civil tiene el propósito de presentar a los ancianitos de la tercera edad a los diferentes sectores para sensibilizar a la sociedad de la necesidad de aportar económicamente para ayudar a estas personas que requieren de trato y atención especiales.
ATENDIDOS CON APORTES VOLUNTARIOS
Los viejitos son atendidos por el “Club de Centenarios” con el aporte económico voluntario que ofrecen sus directivos.
Valle dijo que se proponen aglutinar a empresarios privados y personalidades de la sociedad civil para que apadrinen a cada uno de los 32 ancianitos aglutinados en el club, cuya personalidad jurídica todavía está en trámite en la Asamblea Nacional.
SON COMO NIñOS
La sicóloga y directiva de la asociación de Centenarios, Josefina Murillo, brindó una charla a las personas que se encargan de cuidar a los viejitos, y las instó a tener paciencia y a no perder la calma por su comportamiento, considerando que a esa edad las personas llegan a ser nuevamente niños.
Murillo exhortó a los tutores de los ancianitos a no mortificarse, molestarse ni considerarlos un estorbo. Su labor, estimó, constituye un “una bendición de Dios”.