Sauna, Sibelius, Patria

Ricardo Alvarado Noguera (*) Finlandia es una tierra donde el sol brilla con rayos de nieve y las flores abren sus capullos cuando el día nunca duerme. Al igual que la nuestra, es una patria de paraísos y de apasionados poetas. Los parajes de las musas de Johan Runeberg albergan unos 188,000 lagos que, como […]

Ricardo Alvarado Noguera (*)

Finlandia es una tierra donde el sol brilla con rayos de nieve y las flores abren sus capullos cuando el día nunca duerme. Al igual que la nuestra, es una patria de paraísos y de apasionados poetas. Los parajes de las musas de Johan Runeberg albergan unos 188,000 lagos que, como espejos diáfanos, reflejan las vivencias de un pueblo que vive con intensidad y dedica notables energías para conservar el tercer lugar en competitividad (IMD, Suiza, 2001) y el primero en logros tecnológicos (TAI, PNUD, 2001). El finlandés tiene, como todos los pueblos, historias de todas las características. Sólo que, a pesar de la dura corteza de su suelo y del indomable frío de los largos inviernos, que calcina hasta los más recónditos tuétanos, su sisu (perseverancia) mueve las turbinas económicas con tal vigor y fortaleza como orgullosa se alza su bandera azul y blanca enarbolando con admirable vehemencia un inquebrantable sentido de nación.

KUKOISTAVA TALOUS

“Kukoistava talous” se traduce del finlandés como “florecimiento económico”. Florecimiento que en Finlandia se fundamenta en un modelo peculiar que descansa en los recursos humanos y en las altas tecnologías. Pero Finlandia fue pobre y sufrió los horrores de la guerra. Algunos analistas coinciden en que buena parte de su bonanza se debe a no haber sucumbido al pulpo soviético. Hoy coexisten programas y estrategias de diferentes naturalezas, que a la postre generan un buen nivel de vida; independientemente de que, según los estudiosos, las diferencias de ingreso se han incrementado en los últimos años. También el país ocupa uno de los primeros puestos en carga fiscal donde el alcohol, cuya distribución está a cargo del Estado, contribuye con significativas recaudaciones. Pero también hay sectores, como las telecomunicaciones, altamente liberados. De hecho, Finlandia ocupa el catorceavo lugar en libertad económica (CATO, 2001). En estos confines hasta los niños de diez años portan teléfonos celulares. Por lo pronto, el sistema funciona bastante bien para que, después de impuestos, una familia disponga en promedio del equivalente a unos 2,150 dólares mensuales para el gasto.

EL DÍA DE SAN JUAN

La riqueza de la patria de Vaino Linna (autor de “El Soldado Desconocido”) se basa en el equilibrio de valores. De ahí que los finlandeses entreguen sus corazones a la pureza del bosque, disfruten la sauna y escuchen con ternura las geniales melodías de Sibelius. Por supuesto, me honró la invitación para celebrar el solsticio de verano —‚el Día de San Juan, el más largo en el hemisferio boreal— en una de las 179,000 islas. Nostálgico recordé que por esa época nuestro San Juan de Oriente vibra con sus fiestas patronales y adorna sus calles con finas artesanías; añoranza escabullida por los sudorosos pelos cuando la velocidad de la lancha que me llevaba al sitio del festejo se desplazaba a velocidad de trueno. La conductora de 82 años quería revivir sus tiempos de marinera, pero sin responsabilizarse de mis retorcijones.

En la isla todos esperaban entusiasmados la ceremonia de la fogata. Se me había dicho que para la ocasión las muchachas solteras ruedan en los matorrales del bosque buscando “atrapar” alguna especie de magia romántica. Por más que busqué, por razones de comprobación estrictamente cultural, no fui testigo de tal acontecimiento, pero sí de los buenos piquetes de zancudos que aguijonearon mi rostro; no el resto del cuerpo, por llevar un grueso suéter para evadir las corrientes de frío. Después de la fogata, un grupo de políticos decidió irse a filosofar a la sauna. Por mi parte, terminé de satisfacer la gula de madrugada con una indigesta cantidad de papas cocidas. Fue cuando urgentemente, a falta de un adecuado depositario, escarbé con emergencia un hoyo de medio metro para regresar de improviso abundante puré de papas a la madre tierra.

Los finlandeses aman lo bucólico, sus lagos, sus islas. Hace décadas usaron «cócteles molotov» para impedir la dominación soviética. Hoy son prósperos e izan su bandera, en la víspera del Día de San Juan, henchidos de orgullo y patriotismo.

(*) Encargado de Negocios a.i. en Finlandia.  

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