- Moluscos convertidos en adornos y fuente de ingresos para los pobladores
María Antonia López M. [email protected]
No hay fecha precisa desde que los primeros caracoles y conchas fueron juntados como “rompecabezas” para dar formas extraordinarias a una serie de objetos ornamentales.
De lo que sí hay certeza, es que algunas familias sobreviven de ese quehacer, que cada vez más se complica y requiere de la habilidad natural de juntar piezas.
En un improvisado taller, lleno de caracoles, conchas, piedras, huesos de vértebras y demás, doña María de la Concepción Bermúdez Navarro, nacida en Masachapa, donde prevalecen las familias con ese apellido desde que empezó a conformarse, aprendió de su madre el oficio de la artesanía marina.
Doña María recalcó que la artesanía que se confecciona empleando conchas y caracoles marinos se ha vendido desde siempre, nada más que eran pocos los que se dedicaban al oficio.
No todas las conchas se adecúan al trabajo que se quiere hacer. Razón por la cual, algunas piezas deben ser compradas en bidones que cuestan hasta 50 córdobas, porque las traen desde otras playas aledañas.
Una vez que tienen el material adecuado, empieza el trabajo de armar. Junto a su marido jubilado y su nuera han logrado elaborar diseños originales de una variedad de animales que van desde perros, loras, lechuzas y otros de tamaño regular que se venden en 50 córdobas. Así como una variedad más pequeña que se oferta por docena en la misma localidad o bien circulan por los departamentos del interior del país. Hasta han hecho algunas exportaciones hacia Honduras y El Salvador rotuladas con una pequeña marca de “Masachapa, Nicaragua”.
Bermúdez reconoce que no ha recibido capacitación alguna para confeccionar las piezas, “todo sale de nuestra imaginación y de ir acomodando las conchas. Algunas las pintamos pero antes las tenemos que lavar bien”.
En dos días logran producir 10 docenas de adornos pequeños, mientras de los grandes hacen hasta cuatro al día.
Dijo que ha participado en varias ferias realizadas en el país, pero la mayor parte de la venta la realiza en su casa. Tampoco cree en lo que dice la gente que las conchas marinas traen mala suerte. “A mí me han traído buena [suerte], lo que tengo es porque de ellas vivo”, recalcó.
RECURSOS DEBEN CUIDARSE
Un estudio sobre los recursos marinos, realizado por la FAO, indica que los océanos son los mayores ecosistemas del planeta.
Se ha detectado una evidente degradación ambiental en algunas zonas del mundo, con el consecuente deterioro de especies marinas, a lo cual tampoco escapan las costas.
Hay poca información sobre la contaminación por pesticidas en aguas costeras, pero en aguas superficiales del puerto de Bluefields, se han detectado concentraciones medias de heptacloro de 10.12 nanogramos por litro y de 6.85 nanogramos por litro de dieldrin.
En general, indica la FAO, el principal factor de degradación de los hábitats costeros, incluyendo manglares, estuarios y arrecifes coralinos, es la conversión del suelo para uso agrícola, urbanístico o turístico. También el impacto generado por actividades de transporte marítimo, y los efectos de producción y procesamiento de hidrocarburos.
En la subregión del Caribe coexiste gran diversidad de actividades pesqueras (industriales, artesanales y recreativas). La captura total de la pesquería aumentó de alrededor de 189 mil toneladas en 1975, a un máximo de 268,000 toneladas en 1995, antes de declinar a alrededor de 146,000 toneladas en 1995. En 1996 y 1997 se mantuvo en un volumen semejante, con oscilaciones pequeñas.