Edgard Tijerino M.Enviado a Los [email protected]
En la ciudad que vio coronarse a Alexis Argüello en 1974 y lanzar un juego perfecto a Denis Martínez, justo hace 10 años, Ricardo Mayorga se enfrentará esta noche en el lujoso Staples Center, la casa de los Lakers, al guyanés Andrew Lewis, intentando convertirse en el quinto pinolero que conquista un cinturón mundial de boxeo.
Mayorga, que registró 146 libras y tres cuartos en la báscula, ha hecho saltar todos los sismógrafos de Los Ángeles con su optimismo. Si se trata de una actuación de suficiencia, podría ganar un “Oscar”. Impresiona a cualquiera, incluso a Spielberg si lo viera.
Decía Honorato de Balzac que el talento es muy importante, pero lo es más la fuerza de voluntad, y mirando hacia la cima de la montaña en el casillero Welter de la AMB, la determinación que cobija a Mayorga es tan grande como el Himalaya.
“No me subestimen como boxeador. Demostraré que no soy sólo un golpeador capaz de noquear, sino que con el adiestramiento de Garibaldi, puedo manejar un combate”, dijo en su habitación del Hotel Wilshire.
Con sus padres Eddie Mayorga y Miriam Pérez en las primeras butacas del ring side, de 500 dólares, Ricardo, que también estará empujado por una pequeña barra de ticos, entre ellos el consistente aspirante a la Presidencia de ese país, Abel Pacheco, tratará de conseguir el crecimiento requerido para estremecer al boxeo con otra sorpresa.
“Todas las noches sueño lo mismo. Me levanto y me veo con los brazos en alto festejando el campeonato. Creo en mis puños, en mi voluntad, en el esfuerzo que voy a desplegar. No podrá matarme, luego, no podrá vencerme”, dice mostrando seguridad.
Cierto, lo dicen todos, pero lo importante es sentirlo y salir a pelear por el futuro a hierro y fuego.
“Tengo este par de puños y no fallaré”, dice, como si hablara de la palanca que necesitaba Arquímedes para mover al planeta. Si gana contrariando los vaticinios, podría saltar del ring y comenzar a correr por todo el Staples Center gritando: ¡Eureka!… ¡Lo logré!”
Es una posibilidad apenas, pero Mayorga durmió anoche aferrado a ella.
Lea también: