Efectivos de la Guardia Nacional reconcentrados en uno de sus cuarteles. LA PRENSA/ARCHIVO.

El FSLN dictó el comunicado sobre rendición de la GN

El coronel Néstor Chacón, le dio a Marenco el número telefónico del Búnker Le pregunto al coronel Chacón que si tiene comunicación con El Búnker (el estado mayor de la Guardia Nacional) y me dice que sí, que si quiero hablar con ellos, a lo que respondo afirmativamente. Al teléfono me sale el general Mejía […]

  • El coronel Néstor Chacón, le dio a Marenco el número telefónico del Búnker

Le pregunto al coronel Chacón que si tiene comunicación con El Búnker (el estado mayor de la Guardia Nacional) y me dice que sí, que si quiero hablar con ellos, a lo que respondo afirmativamente.

Al teléfono me sale el general Mejía González. ¿Cómo está coronel?, le digo yo. “General”, me aclara. Ah.. Perdón, no sabía que lo habían ascendido, le contesto. Estaba recién ascendido y yo lo recordaba con su rango de coronel. Era ingeniero graduado en Brasil con especialidad en tráfico y transporte.

Comenzamos a conversar y le digo que Urcuyo Maliaño ha violado los acuerdos y es necesario que lo desalojen de la Presidencia, para poner fin al conflicto y que la Guardia y el Frente negocien directo.

Póngalo en un avión inmediatamente para despejar esta situación, le dije. “Un momento”— me dice— la cosa no es tan sencilla, tenemos que hablar varias cosas”.

Me da a entender o mejor dicho yo le entiendo que no está en sus manos la decisión. Aprovecho para ganar un poco de tiempo y le digo que yo también necesito hablar con mis superiores y acordamos volver a hablar a las 19:00 horas. Inmediatamente, consciente de la trascendencia de la comunicación abierta, me muevo al puesto de mando central a comunicarle a Humberto la conversación con Chacón y Mejía González.

A las siete de la noche del 18 de julio iniciamos las conversaciones históricas que pondrían final a la guerra de liberación contra la dictadura. Nos encontrábamos en el puesto de mando Humberto Ortega, Julián López, Bernardino Larios, Fernando Baca y yo.

El concepto era que la guerra había terminado, que en la guerra se gana y se pierde, que no deberían tener vergüenza por la derrota porque habían combatido con honor y que había que evitar el baño de sangre que significaba una batalla sobre Managua.

El coronel Larios argumentaba en igual dirección y les garantizaba a los guardias que no habría represalias contra nadie. Al no llegar a un acuerdo con Mejía, Humberto le dice que quedan bajo su responsabilidad histórica los daños y lo que pueda suceder en la batalla de Managua, porque el FSLN ordenaba en ese momento el avance de todas sus fuerzas sobre la capital.

A lo largo de la noche, nos comunicamos con una serie de oficiales de la Guardia, amigos de Bernardino Larios, a quienes se les instaba a rendirse y colaborar con el fin de la guerra.

En Managua, otro grupo reunido en la casa del Dr. Noel Rivas Gasteazoro, trabajaba en contactar a militares y políticos, buscando la rendición de la Guardia. Entre ellos recuerdo a Julio López Miranda y Edmundo Jarquín.

Cerca de las 2 de la madrugada, el coronel Fulgencio Largaespada lee el comunicado oficial de rendición de la Guardia Nacional, que le ha sido dictado por teléfono desde Palo Alto. Era el fin de la Guerra y de la Dictadura.

El 19 de julio de 1979, cerca de las 15 horas, aterrizamos en Managua Tito Castillo, el coronel Bernardino Larios, Carlos Schutze y yo. En otro avión llegó Humberto unos minutos más tarde. Cerca de las siete de la noche llegó el avión presidencial mexicano con el resto del gobierno revolucionario. A esa misma hora llegaron por avión, desde León, los miembros de la Junta de Gobierno.   

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