El análisis transaccional

Auxiliadora Marenco*

¿Ha notado que muchas veces, sin darse cuenta, actúa con sus hijos como lo hicieron sus padres con usted? ¿O tal vez se ha visto envuelto en una situación donde emocionalmente se comportó como el niño o niña que fue de pequeño (a)? Y a diario, en su trabajo, o en su relación con los demás, se observa manejando información, mostrando sus habilidades intelectuales o cumpliendo con sus responsabilidades y tareas.

Estos cambios, operados en la misma persona, en diversidad de circunstancias, unas veces mostrando emociones, otras veces usando todo el poder de su mente con la frialdad y objetividad que requiere un análisis o tal vez señalando las conductas inadecuadas de un subordinado, son explicados por el Análisis Transaccional, novedosa corriente psicológica, como un análisis de la personalidad que nos permite conocernos mejor y saber interpretar y hasta predecir las conductas que nos caracterizan.

Las personas estamos todo el tiempo enviando mensajes a los demás que según sea su tipo y calidad, así será la respuesta que obtendremos, pues los invitamos a engancharse positiva o negativamente. A estas formas de comunicación y según como sean enlaces para nuevas formas de interacción con otras personas, se les llama Transacciones.

Todos los humanos, según haya sido el sistema de educación que recibimos, según sean los mensajes que las conductas de nuestros padres o de los que hicieron sus veces, nos enviaron, y según las experiencias que vamos viviendo a lo largo de la existencia, hemos ido creando un sistema de reacciones a los estímulos del medio que nos caracterizan.

Muchas veces esas formas de ser, dañan a otros y nos dañan a nosotros mismos porque lastimamos sin saber a los que nos rodean. Nos meten en problemas que no logramos entender, que repetimos una y otra vez, para terminar preguntándonos: “¿Y por qué me pasa siempre esto a mí?”. Actuamos desde una parte enferma que se deterioró en el proceso que estuvimos creciendo y a través del cual grabamos de las conductas de los adultos que rodearon nuestra infancia.

Algunas personas son capaces de reconocer qué fue lo que lo lastimó de niño, qué le hizo falta y lo dejó marcado, temeroso u hostil con su medio. Otras, no se dan cuenta o dicen, “Así soy yo, y nadie me va a cambiar”. La verdad es que no eres así, sólo estás así, que es diferente. Si logras identificar qué experiencias pasadas están influyendo en tu actual forma de ser, obviamente puedes influir sobre ellas para cambiar las que no te sirvan o interfieran con tus buenas relaciones con los demás.

Vivimos en un mundo donde se dice que la gente es mala o es buena, la verdad es que la gente está enferma o está sana. La maldad es un término para designar lo que funciona mal y por consiguiente impide que la gente muestre lo mejor de sí mismo. Nadie nació tímido, lunático, miedoso, descortés, alcahuete, con la autoestima baja, incapaz de conseguir sus metas o de ser amado. Algo sucedió en el camino de la vida que lo convirtió en eso que ahora lo limita y lo hace aparecer cargado de defectos y limitaciones.

El Análisis Transaccional permite entender cómo somos y cómo funcionamos. Por qué nos comportamos como lo hacemos, aún cuando queremos ser diferentes y no podemos porque hay dentro de nosotros una especie de demonio interior que nos lo impide. Es sano que todos nosotros, los que trabajamos, tenemos pareja, hijos, nos relacionamos de muchas formas cotidianas con el resto de las personas, conozcamos a través del Análisis Transaccional los motivos de nuestra conducta.

Es sano que nos demos cuenta que podemos cambiar en orden a ser personas que nos damos chance de sacar de nosotros aquello con lo cual nacimos y que los accidentes del medio tóxico en que crecimos, nos lo impidió. Cada quien lleva a la sociedad el producto de sí mismo, la sociedad es la resultante de cómo se comunican sus miembros y esa comunicación dependerá de los niveles de sanidad de los mismos.

Es pues muy importante que todos sepamos que conociéndonos por dentro y cuestionando nuestra forma de comportarnos, estaremos en capacidad de aportarle a nuestra familia y a nuestro país, un ciudadano de primera línea capaz de apostar por un futuro mejor, capaz de sumar sus cualidades y de restar sus limitaciones.

* La autora es Psicóloga Clínica.  

Editorial
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