Campeón de la vida

Sin dudas que el caso del niño discapacitado que fue escogido como símbolo del Teletón del próximo 27 de julio a beneficio de los menores con discapacidad, del que informó LA PRENSA el sábado 14 de julio (“Mauricio Gutiérrez, campeón de la vida”), provoca profundos sentimientos de compasión y solidaridad.

Mauricio, quien ahora tiene 13 años de edad, fue abortado cuando tenía cinco meses de gestación y vino al mundo prácticamente sin pulmones ni riñones, sólo con la determinación de vivir. Cuando lo abortaron, los médicos pronosticaron que sólo tendría dos horas de vida. Pero además, según el testimonio de su madre, después de sobrevivir al aborto, durante los primeros años de su vida a Mauricio “le dio parálisis cerebral, meningitis, paro cardíaco, hipoxia cerebral y encefalitis”.

Como consecuencia de tan desgraciadas vicisitudes Mauricio sólo pudo caminar, a medias, ayudado por un andarivel, hasta que tenía 12 años de edad. A los 7 años aprendió a leer en el breve lapso de tres meses, acicateado por el afán de ganarse una beca para estudiar computación, y ahora que ha terminado la primaria “su voluntad es seguir estudiando y su máximo sueño es caminar sin ayuda”. Finalmente, como si faltara alguna virtud más a esta vida ejemplar, Mauricio no recibe ninguna remuneración por ser el símbolo del Teletón, ni la pide, pues como dijo a LA PRENSA: “Quiero servir de ejemplo para que otros niños como yo no abandonen la esperanza y sigan adelante, pero también para que sus padres no los escondan y los traten como a cualquier otra persona”.

“Un niño concebido es siempre una invitación a la vida y la esperanza”, dijo el Papa Juan Pablo II el 25 de marzo de este año 2001, en la Plaza de San Pedro, durante la celebración del Día del Niño por Nacer. Y el ejemplo de Mauricio —quien cuando apenas era un feto de 5 meses fue condenado a morir porque los médicos consideraban que sólo así podrían salvar la vida de la madre, pero ahora es un campeón de la vida y símbolo de la esperanza— confirma de manera incontrovertible la justeza de la expresión pontificia.

En realidad, el luminoso ejemplo de Mauricio debería motivar a todos los nicaragüenses que tienen posibilidad de hacerlo, a respaldar el Teletón “Por tu capacidad de amar” que se efectuará el próximo 27 de julio, con el objetivo de recaudar fondos para la construcción y equipamiento de tres centros de Estimulación Temprana, que de acuerdo con la presidenta de la junta organizadora del evento, doña Lucía Salvo, “permitirán a padres, madres y familiares facilitar el desarrollo de sus hijas e hijos con alguna discapacidad”.

Según la señora Salvo, quien sin dudas se basa en cifras oficiales, un doce por ciento de la población de Nicaragua padece de alguna discapacidad, la mitad de los discapacitados son menores de 18 años y uno de cada diez niños nicaragüenses sufre de una u otra forma minusvalía.

Como se sabe, para atender a niños con discapacidad hay algunos centros e instituciones que fueron creados y son sostenidos tanto por el Estado como por madres y padres de familia de los pequeños, a quienes se les conoce cariñosamente como “los pipitos”. Sin embargo, la atención que se brinda a los nicaragüenses con discapacidad, particularmente a los niños, es muy insuficiente, tanto por la limitación de recursos como porque, en el caso del gobierno, la mayoría de los altos funcionarios se preocupan más o sólo por su enriquecimiento personal y familiar que por cualquier otro asunto, inclusive los humanitarios.

Pero no es correcto esperar que todo lo resuelva el Estado ni que sólo hasta que haya gobernantes solidarios, humanistas, honestos y eficaces, se atienda a los niños con discapacidad. Por el contrario, hay que apoyar de todo corazón las iniciativas surgidas de la sociedad y de las personas particulares, como el Teletón del próximo 27 de julio, así fuera sólo para confirmarle a los niños como Mauricio Gutiérrez que vale la pena tener esperanzas y luchar contra todas las adversidades, por su derecho a vivir.  

Editorial
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