- Recordemos, sin embargo, que la posibilidad de que el voto cruzado pueda convertirse en un instrumento para salvar la democracia, el progreso, y la libertad en el país, está en manos del Partido Conservador
Jorge Salaverry*[email protected]
Al cacareado anuncio de que volverá a ser Presidente de la República en el 2006, el Dr. Arnoldo Alemán añadió la semana pasada un nuevo “antojo”: declaró que después que termine su actual período como Presidente de la República quiere ser Presidente de la Asamblea Nacional. Si eso no es una desenfrenada lujuria de poder, no sé que otra cosa pudiera calificarse como tal, aunque sus defensores, por razones obvias, digan lo contrario.
Esta claro: Alemán quiere “seguir mandando” a como dé lugar. Y para poder hacerlo necesita que cuando esté en la Asamblea Nacional –disfrutando de la diputación que le regaló el señor Daniel Ortega– haya un grupo de diputados liberales que en su vasta mayoría sean tan sumisos a su voluntad como lo son los actuales parlamentarios rojos. Es por eso que la selección de los mismos fue hecha bajo su estricta supervisión, a fin de que no se colaran por ahí algunos de criterio independiente.
La prueba suprema de la sumisión incondicional de los actuales diputados liberales se dio cuando ni uno solo de ellos se opuso el año antepasado a la insensata reforma constitucional que bajó el porcentaje de votos requeridos para ganar la Presidencia de la República en primera vuelta, de 45 a 40 por ciento, y en algunos casos hasta a un 35 por ciento. Estoy plenamente seguro de que no pocos de ellos se dieron cuenta de que esa reforma constitucional significaba ampliar las posibilidades de un triunfo sandinista en las elecciones de este año, pero como sabían que esa era la moneda de cambio para que el señor Daniel Ortega accediera a regalarle una diputación al Dr. Alemán, ni uno solo de ellos –repito– se atrevió a cuestionarla.
La vía de la diputación regalada era la única vía que el Dr. Alemán tenía para hacerse de un puesto en la Asamblea Nacional, a pesar de que mi buen amigo, don Fabio Gadea Mantilla, diga –equivocadamente, por cierto– que el Dr. Alemán hubiera podido alcanzarlo encabezando la lista de candidatos a diputados del PLC. Obviamente que para que don Fabio haya dicho eso tiene que haber pensado que no hubiese sido una aberración moral inaudita que Alemán se propusiera como candidato a diputado siendo al mismo tiempo Presidente de la República. Pero bueno, estamos en Nicaragua, donde, desgraciadamente, estamos acostumbrados a ver como legítima y aceptable cualquier barbaridad jurídica o moral.
Pero volvamos a lo que estábamos, y es que Alemán quiere “seguir mandando” desde la Asamblea Nacional, y que para lograrlo necesita un grupo de diputados liberales sumisos e incondicionales. ¿Le conviene eso a Nicaragua? Obviamente que no. ¿Cómo evitarlo? Ejerciendo el voto cruzado. Esa es la única posibilidad civil y legal que existe para impedir que el Dr. Alemán siga pactando con el señor Daniel Ortega y causándole más daño a la institucionalidad del país y al pueblo nicaragüense.
Y es por esa razón que Alemán y su camarilla de incondicionales tiemblan ante la posibilidad de que el 4 de noviembre la ciudadanía pudiera decidir, elegante, sabia, y patrióticamente, cruzar el voto, votando por don Enrique Bolaños para Presidente de la República, y por los conservadores para diputados. Con una votación así se evitaría que el Poder Ejecutivo cayera en manos de Daniel Ortega y del sandinismo, pero se evitaría también que la Asamblea Nacional cayera en manos de Alemán.
Recordemos, sin embargo, que la posibilidad de que el voto cruzado pueda convertirse en un instrumento para salvar la democracia, el progreso, y la libertad en el país, está en manos del Partido Conservador. La lista de diputados que presente el Partido Conservador tiene que estar integrada por hombres y mujeres de incuestionable trayectoria civilista y democrática. No hay que olvidar que de lo que se trata es de reforzar la opción democrática, y que para lograrlo es necesario que los liberales –que son los que constituyen el grueso de los votantes– decidan no votar por la lista de diputados que Alemán quiere tener en la Asamblea, y que lo hagan por la lista de diputados conservadores. En consecuencia, en esa lista no caben nombres de personas ligadas al sandinismo. Lo contrario alienaría a los votantes liberales y el voto cruzado dejaría de ser una opción de cambio. El Partido Conservador tiene una gran oportunidad de fortalecer la opción democrática. Todo depende de que en esta semana sepa escoger debidamente a sus candidatos a diputados. Pronto sabremos si supo ponerse a la altura de las circunstancias.
* El autor es miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA y catedrático de la UTM.